1 mar. 2013

Adelanto de Princesa Mecánica

Hace ya varios días Cassandra Clare publicó un adelanto del ultimo libro de la trilogía Cazadores de Sombras; Los Orígenes.

El adelanto no es la versión final pues Clare ese aún no lo tiene.

 
 

CONTIENE SPOILERS


"Escríbeles, Will," dijo Cecily Herondale. "Por favor. Solo una carta."

Will puso su pelo empapado de sudor y la miró. "Pon tus pies en posición," fue todo lo que dijo. Apuntó, con la punta de su daga. "Aquí, y aquí."

Cecily suspiró, y movió sus pies. Sabía que estaba fuera de posición; lo hizo intencionadamente, para fastidiar a Will. Era fácil hacer enfadar a su hermano. Solo eso recordaba sobre él de cuando tenía doce años. Incluso retándole a hacer cualquier cosa, incluso escalar la azotea tan empinada de su mansión, había resultado lo mismo: una flama azul de enfado en sus ojos, una mandíbula dura, y a veces Will con una pierna rota o un brazo al final.

Por supuesto este hermano, el Will casi adulto, no era el hermano que recordaba de su infancia. Había crecido más explosivo y retirado. Tenía toda la belleza de su madre, y toda la terquedad de su padre - y, ella temía, su propensidad a los vicios, aunque había supuesto por solo susurros entre los habitantes del Instituto.

"Alza tu cuchillo," dijo Will. Su voz era fría y profesional como su institutriz.

Cecily lo subió. Le había tomado un tiempo acostumbrarse al sentimiento del traje de batalla contra su piel: la túnica amplia y los pantalones, el cinturón alrededor de sus caderas. Ahora se movía cómodamente como si siempre se hubiera movido en ropa de cama ancha. "No entiendo por qué no consideras escribirles una carta. Una sola carta."

"No entiendo por qué no consideras volver a casa," dijo Will. "No estás hecha para cosas de Cazadores de Sombras, Cecy; solo viniste aquí para convencerme de ir a casa contigo, cosa que no haré. Si accedieras a volver a casa tú sola, podrías parar de preocuparte por nuestros padres y yo podría arreglar -"

Cecily le interrumpió, habiendo oído este discurso cientos de veces. "¿Considerarías una apuesta, Will?"

Cecily estaba tanto complacida como un poco decepcionada al ver el brillo en los ojos de Will, justo de la manera en que su padre siempre hacía cuando otro hombre le sugería apostar. Los hombres eran tan fáciles de predecir, pensó.

"¿Qué tipo de apuesta Cecily?" Will dio un paso más cerca; usaba el traje de batalla; Cecily podría ver las marcas que teñían su pecho, la runa de memoria en su cuello. Había necesitado un tiempo para ver las marcas como algo más que desfiguraban a su hermano, pero ahora se había acostumbrado a ellas - así como se había acostumbrado al traje de batalla, al gran echo de las paredes del Instituto, y a sus habitantes peculiares. Apuntó a la pared frente a ellos. Un objetivo antiguo había sido pintado en la pared en negro: un punto negro dentro de un gran círculo. "Si doy en el centro de eso tres veces, tienes que escribir una carta a Pa y Ma y decirles cómo estás. Tienes que explicarles lo de la maldición y por qué te fuiste."

La cara de Will se cerró como una puerta, la manera en la que siempre lo hacía cuando ella le pedía esas cosas. Pero, "Nunca vas a darle tres veces sin fallar, Cecy."

"Bueno, entonces no debería ser una gran preocupación para hacer la puesta, William." Usó todo su nombre a propósito y de manera fría; sabía que le molestaba, viniendo de ella, aunque cuando su mejor amigo - no, su parabatai, había aprendido desde que llegó al Instituto que eran cosas bastante diferentes - Jem lo hacía, él parecía que lo tomaba como un término de afecto. Posiblemente era porque todavía tenía recuerdos de ella dando tumbos detrás de él con piernas gorditas, llamándole Will, Will, en un galés sin aliento. Nunca le había llamado William, siempre solo Will o su nombre en galés, Gwilym.

Sus ojos se cerraron, esos ojos oscuros del mismo color que los de ella. Cuando su madre había dicho con afecto que Will podría ser un rompecorazones cuando creciera, Cecily siempre la había mirado dubitativamente. Will, le parecía a Cecily, era todo brazos y piernas, delgado y despeinado y siempre sucio. Podría verlo ahora, aunque lo había visto la primera vez que había entrado en el comedor del Instituto y se había quedado perpleja, y había pensado: Ese no puede ser Will.

Había girado esos ojos hacia ella, los ojos de su madre, y había visto la rabia en ellos. No se había alegrado de verla, en absoluto. Y en dónde había estado el chico delgado con una gran mata de pelo negro como un gitano y manchas en su ropa que tenía en la memoria, había un hombre alto y amenazador en su lugar. Las palabras que había querido decir se disolvieron en su lengua y solo le había encontrado, ojo por ojo. Y así había sido desde entonces, Will apenas soportando su presencia como su fuera una piedra en su zapato, una molestia continua.

Cecily cogió aire profundamente, alzó el mentón, y lanzó el primer cuchillo. Will no sabía, nunca habría sabido, las horas que había pasado, sola, practicando, aprendiendo a balancear el peso del cuchillo en su mano, descubriendo que un buen lanzamiento de cuchillo empezaba con el cuerpo. Sostuvo ambos brazos rectos ahora y estiró su brazo hacia atrás, detrás de su cabeza, antes de traerlo, y el peso de su cuerpo, hacia adelante - la punta del cuchillo estaba en la línea del objetivo - lo soltó y llevó la mano hacia atrás y jadeó.

El cuchillo estaba, apuntando a la pared, exactamente en el centro del objetivo.

"Uno," dijo Cecily, dándole a Will una sonrisa de superioridad.

La miró atónito, tirando del cuchillo de la pared, y dándoselo de nuevo.

Cecily lo lanzó. Segundo lanzamiento, como el primero, fue directamente al objetivo y se mantuvo allí, vibrando como un dedo burlón.

"Dos," dijo Cecily, en un tono sepulcral.

Will mantuvo la mandíbula recta mientras cogía el cuchillo y se lo daba de nuevo. Lo cogió con una sonrisa. Confianza fluía por sus venas como nueva sangre. Sabía que podía hacerlo. Siempre había sido capaz de escalar más alto que Will, correr más rápido, aguantar su respiración más tiempo....

Lanzó el cuchillo. Alcanzó el objetivo y saltó en el aire, aplaudiendo, olvidándose a sí misma en el momento de la victoria. Su cabello se cayó de las horquillas y se dispersó por su cara; lo retiró y sonrió a Will. "Deberías escribir esa carta. Me diste tu palabra."

Para su sorpresa, él le sonrió. "Oh, la escribiré," dijo él. "La escribiré, y luego la tiraré al fuego." Le levantó una mano ante su explosión de indignación. "Dije que la escribiría. Nunca dije que la mandaría."

El aire de Cecily salió en un jadeo. "¡Cómo te atreves a jugármela de esta manera!"

"Te dije que no estabas hecha para cosas de Cazadores de Sombras, o no sería tan fácil engañarte. No voy a escribir una carta, Cecy, va en contra de la Ley, y se acabó."

"¡Como si te importara la Ley!" Cecily selló con su pie, y estaba inmediatamente más enfadada que nunca; detestaba a las chicas que pateaban con sus pies. 

Will entrecerró los ojos. "Y no te preocupas para ser una Cazadora de Sombras. Que tal esto: Debo escribir una carta y te la doy si prometes llevarla a casa tu misma - y no volver."

Cecily retrocedió; tenía muchos recuerdos de jugar partidos con Will, con las muñecas chinas que tenía y él había roto lanzándolas por la ventana del ático; pero también había bondad en sus recuerdos: el hermano que había puesto un vendaje a su rodilla cortada, o recogido sus rizos cuando se habían salido del sitio. Esa bondad estaba ausente del Will que tenía delante ahora mismo. Su madre solía llorar durante el primer año o dos después que Will se fuera; había dicho, en galés, sosteniendo a Cecily, que ellos - los Cazadores de Sombras - "le quitarían todo el amor". Gente fría y sin amor, le había dicho a Cecily, quienes habían prohibido el matrimonio con su marido. ¿Qué podría querer de ellos, su Will, su pequeño?

"No me iré," dijo Cecily, mirando hacia abajo a su hermano. "Y si insistes que debería, lo haré - lo haré-"

La puerta del ático se abrió y la silueta de Jem estaba en la puerta. "Ah," dijo, "amenazándoos el uno al otro, veo. ¿Ha sido así toda la tarde o acaba de empezar?"

"Él lo ha empezado," dijo Cecily, señalando con la barbilla a Will, aunque sabía que no tenía sentido. Jem, el parabatai de Will, la había tratado con la distante dulzura reservada a las hermanas pequeñas de los amigos, pero siempre estaría del lado de Will. Amablemente, pero de manera firme, siempre había puesto a Will por delante de todo en el mundo."

Bueno, casi todo. Había sido golpeada por Jem cuando llegó al Instituto por primera vez - tenía una belleza sobrneatural, inusual, con su pelo y ojos plateados, y la delicada extrañeza de sus rasgos. Parecía un príncipe en un cuento de hadas, y habría considerado desarrollar una relación con él si no hubiera estado absolutamente claro que estaba totalmente enamorado de Tessa Gray. Sus ojos la seguían adónde fuera que estuviera, y su voz cambiaba cuando hablaba con ella. Cecily una vez había oído a su madre decir el entretenimiento cuando uno de sus vecinos miraba a la chica como si fuera "la única estrella del cielo" y esa era la manera en que Jem miraba a Tessa.

Cecily no estaba resentida: Tessa había sido buena con ella, incluso un poco tímida, y con su cara metida en un libro como Will. Si esa era el tipo de chica que Jem quería, ella y él nunca harían encajado - y cuando más tiempo estaba en el Instituto, más se daba cuenta de lo incómodo que habrían sido las cosas con Will. Era ferozmente protector con Jem, y la habría vigilado constantemente en caso que le hubiera angustiado o hacerle daño en alguna manera. No - ella era mejor que todo eso.

"Estaba pensando en atar a Cecily y darla de comer a los patos en Hyde Park," dijo Will, empujando su pelo mojado hacia atrás y favoreciendo a Jem con una extraña sonrisa. "Podría usar tu ayuda."

"Desafortunadamente, tendrías que retrasar en tus planes un poco más. Gabriel Lightwood está abajo y tiene dos palabras para ti. Dos de tus palabras favoritas, al menos cuando las pones juntas." 

"¿Necio total?" inquirió Will. "¿Advenedizo inútil?"

Jem sonrió. "Viruela demoníaca," dijo.

1 comentario:

  1. aaaaa!!!! me encanta, no puedo esperar para leer el libro. Gracias por el adelanto.

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No existen los malos libros ni las malas opiniones. Recuerda que los gustos de cada individuo son diferentes y por lo tanto hay que respetarlos.