31 mar. 2013

Oscuros by Lauren Kate al Cine


-La llevara al Cine: Mayhem Pictures y IF Entretainment
-Director: Scott Hicks
-Escritores: Kathyn Price y Nichole Millard (guión) y Lauren Kate (libro)
-Productores: Mark Ciardi y Gordon Gray
-Productores ejecutivos: Oren Aviv y Todd Y. Murata
-Director de fotografía: John P. Tarver

28 mar. 2013

Origins the Fire & Dream Dark by Caster Chronicles

Los siguientes libros son de Dream Dark de Caster Chronicles, es una minihistoria entre el 2 y 3 libro y un adelanto de Mila 2.0


 




20 mar. 2013

Elige Ser Amable

10,000 personas comprometidas, que eligen ser amables, que quieren hacer la diferencia este 2013 porque saben que sólo un acto de bondad puede causar impacto en nuestra sociedad.
 
El sitio para firmar el compromiso es el Blog http://eligeseramable.tumblr.com/


Sólo un acto de bondad puede causar impacto en nuestra sociedad.

Únete al movimiento #EligeSerAmable
inspirado en la novela de R.J Palacio: Wonder. La lección de August.

UNETE

19 mar. 2013

Teasers de Scare Crow by Julie Hockley


Scare Crow es la continuación del libro Crow's Row by Julie Hockley. Pueden leer la reseña del primer libro por Aquí
Información Actualizada en ESTE en lace.



"Cuando la correa de mi sujetador se quebró, se desplegó como un ganso tomando vuelo y me golpeó en la cara, supe que era un mal presaguio. Vestirse parecía que era un paso nesesario. No un paso hacía adelante y otro hacía atras. Solo un paso. Al menos era algo. Mejor que estar allí sentada. Mejor que esperar a que algo sucediera.
Pero tengo que admitir que al aguijon de la banda elastica contra mi mejilla se había sentido casi vivificante. Me quedé mirando mi cara en el espejo de la pared de mi dormitorio, frotando mis dedos sobre la laceración en mi mejilla. Y decidí, con un noventa por ciento de certeza, que el placer del dolor fisico no significaba que me había reducido al masoquismo. Despues de semanas de tener el cociente emocional de una roca, sientiendo algo, sientiendo nada, era mejor que el entumecimiento que me había sumido "

18 mar. 2013

29 Maneras de Mantenerse Creativo

 

 1.Haz listas.
2.Lleva un cuaderno a todas partes.
3.Intenta la escritura libre.
4.ALÉJATE de la computadora.
5.No te des de golpes.
6.Toma descansos.
7.Canta en la ducha.
8.Bebe café.
9.Escucha música nueva.
10. Sé abierto
11.Rodeate de gente creativa.
12.Recibe críticas.
13.Colabora.
14. No te rindas. No te rindas. No te rindas.
15.Practica. Practica. Practica.
16.Permítete cometer errores.
17. Ve a lugares nuevos.
18.Cuenta tus bendiciones.
19.Ten mucho descanso.
20. Corre riesgos.
21.ROMPE las reglas.
22.No lo forces.
23.Lee una página del diccionario.
24.Crea un marco de trabajo.
25.Deja de intentar ser el PERFECTO de ALGUIEN MAS. 26.¿Tienes una idea? Escríbela.
27.Limpia tu área de trabajo.
28.Diviértete.
29.TERMINA ALGO

 
Creo que a mi me costaría hacer un par de cosas pero lo intentaré.

15 mar. 2013

14 mar. 2013

Actores para la película Divergente

Jai Alexander Courtney es un actor australiano conocido por haber interpretado a Varro en la serie Spartacus: Blood and Sand. Nac en Perth, Australia el 15 de marzo de 1986. Tiene 26 años
 
  
Maggie Q, nacida como Margaret Denise Quigley el 22 de mayo de 1979 en Honolulu, Hawai, mide 1.62 m. es una actriz y exmodelo estadounidense. Tiene 33 años. Ella interpretará a Tori
 
 
 
 Zoë Isabella Kravitz es una actriz, cantante y modelo. Ha aparecido en las películas The Brave One con Jodie Foster, y Sin reservas. Tiene 24 años. Ella interpretará a Christina.
 
 
 
 
 
 Ansel Elgort interpretará a Caleb

13 mar. 2013

Requiem en Español by Lauren Oliver

 


Ahora Lena se ha transformado en un miembro activo de la resistencia. La rebelión incipiente que estaba en marcha en Pandemonium se ha encendido en una revolución en Réquiem y Lena se encuentra en el centro de la lucha.
Después de rescatar a Julián de una sentencia de muerte, Lena y sus amigos huyeron a la selva. Pero la selva ya no es un refugio seguro, la rebelión ahora esta en todo el país, y el gobierno no puede negar la existencia de los Inválidos. Los reguladores ahora se infiltran en las zonas fronterizas para acabar con los rebeldes, y mientras Lena se desplaza al terreno cada vez más peligroso, su mejor amiga Hana, vive una vida segura, sin amor, en Portland, como la novia del joven alcalde. Requiem está contada desde los puntos de vista de Lena y Hana. Las dos chicas que conviven en un mundo que las divide, hasta que, al fin, sus historias convergen.

7 mar. 2013

Informativo

Si son observadores, se habrán dado cuenta que ultimamente no he subido ninguna reseña, solo noticias ¿A que se debe? Pues se trata de que otra vez estoy con los exámenes, trabajos... Por lo cual me queda muy poco tiempo (nada) para leer. Así que para que el Blog no esté tan bacío de contenido probablemente solo sean noticias lo que suba por un tiempo.

5 mar. 2013

Requiem by Lauren Oliver en Inglés

image 

Ahora Lena se ha transformado en un miembro activo de la resistencia. La rebelión incipiente que estaba en marcha en Pandemonium se ha encendido en una revolución en Réquiem, y Lena se encuentra en el centro de la lucha.

Después de rescatar a Julián de una sentencia de muerte, Lena y sus amigos huyeron a la selva. Pero la selva ya no es un refugio seguro, la rebelión ahora esta en todo el país, y el gobierno no puede negar la existencia de los Inválidos. Los reguladores ahora se infiltran en las zonas fronterizas para acabar con los rebeldes, y mientras Lena se desplaza al terreno cada vez más peligroso, su mejor amiga, Hana, vive una vida segura, sin amor, en Portland, como la novia del joven alcalde. Requiem está contada desde los puntos de vista de Lena y Hana. Las dos chicas que conviven en un mundo que las divide, hasta que, al fin, sus historias convergen.


4 mar. 2013

¡Primer Capítulo de Princesa Mecánica!



Capítulo 1
Una fila terrible

Cásate en lunes por salud, 
En martes por bienestar
Miércoles el mejor día de todos,
Jueves por cruzas,
Viernes por pérdidas y
Sábado para no tener ninguna suerte. 
–Rima popular.


–Diciembre es un tiempo afortunado para un matrimonio, –dijo la costurera hablando por entre la boca llena de alfileres, con la facilidad de años de práctica. –Ya que dicen, “Cuando la nieve de diciembre cae rápido, cásate, y el amor verdadero durará”. –Ella colocó un último alfiler en el vestido, y dio un paso atrás. –Ahí está. ¿Qué piensas? Está diseñado en base a uno de los diseños propios de Worth.

Tessa miró su reflejo en el espejo de pie en su habitación. El vestido era de seda de un dorado profundo, como era costumbre para los Cazadores de Sombras, quienes creían que el blanco era el color del luto, y no se casarían de ese color, a pesar de que la Reina Victoria había instituido la moda al hacer justamente eso. Encaje duquesa bordeaba el apretado talle del corpiño y caía desde las mangas.
–¡Es encantador! –Charlotte juntó las manos y se inclinó hacia adelante. Sus ojos café brillando con gusto. –Tessa, el color se ve tan bien en ti.
Tessa se giró y se retorció frente al espejo. El oro ponía un color muy necesario en sus mejillas. El corsé de reloj de arena le daba forma y curvas en todas las partes donde se suponía, y el ángel mecánico alrededor de su garganta la confortaba con su tic tac. Debajo de este, colgaba el pendiente de jade que Jem le había dado. Ella le había puesto una cadena más larga de modo que
pudiera usar ambos al mismo tiempo, no dispuesta a dejar ninguno.
– ¿No piensas que quizás el encaje es un poco demasiado adorno?
– ¡Para nada! –Charlotte se sentó de nuevo, con una mano inconscientemente descansando protectora sobre su vientre. Ella siempre había sido demasiado delgada enjuta, en verdad para necesitar un corsé, y ahora que iba a tener un hijo, había comenzado a usar vestidos de té, en los que se veía como un pajarito. –Es el día de tu boda, Tessa. Si hay alguna excusa para ponerse adornos excesivos, es esa. Solo imagínalo.
Tessa había pasado muchas noches haciendo justamente eso. Ella no estaba segura todavía de si ella y Jem se casarían, ya que el Consejo aún estaba deliberando su situación. Pero cuando ella se imaginaba la boda, siempre era en una iglesia, ella marchando por el pasillo central, quizás del brazo de Henry, sin mirar ni a izquierda ni derecha, sino directo al frente hacia su prometido, como una digna novia debería. Jem estaría usando ropa de combate; no del tipo con la que peleaba, sino una especialmente diseñada, al estilo del uniforme militar, para la ocasión: negro con bandas doradas en las muñecas, y runas doradas bordadas, alrededor del cuello y la abertura.
Él se vería tan joven. Ambos eran tan jóvenes. Tessa sabía que era inusual casarse a los diecisiete y dieciocho, pero estaban corriendo contra reloj.
El reloj de la vida de Jem, antes de que terminara.
Puso la mano en su garganta, y sintió la vibración familiar de su ángel mecánico, sus alas raspándole la palma. La costurera la miró con ansiedad. Ella era una mundana, no una Nefilim, pero tenía la Visión, así como todos los que servían a los Cazadores de Sombras.
–¿Le gustaría que se le quitara el encaje, señorita?
Antes de que Tessa pudiera responder, hubo un golpe en la puerta, y una voz familiar.
–Es Jem. Tessa ¿estás ahí?
Charlotte se enderezó de un salto.
–¡Oh! ¡Él no debe verte en tu vestido!
Tessa se quedó ahí atontada.
–¿Por qué no?
–Es una costumbre de Cazadores de Sombras, trae mala suerte! –Charlotte se puso de pie. –¡Rápido! ¡Escóndela detrás del ropero!
–¿El ropero? Pero –Tessa se interrumpió con un quejido cuando Charlotte la cogió de la cintura y la llevó marchando a zancadas detrás del ropero, como un policía con un criminal particularmente resistente.
Liberada, Tessa se sacudió el vestido, y le hizo una cara a Charlotte, y ambas se asomaron por alrededor del mueble, mientras la costurera, después de una mirada de sorpresa, abrió la puerta.

El cabello plateado de Jem apareció en la apertura. Él se veía un poco desarreglado, su chaqueta torcida. Miró alrededor con confusión, antes de que su mirada se posara sobre Charlotte y Tessa, medio escondidas detrás del ropero.
–Gracias al cielo, –dijo. –No tenía idea de a donde se habían ido cualquiera de ustedes. Gabriel Lightwood está abajo, y está haciendo la fila más terrible.
*** 
 
–Escríbeles, Will, –dijo Cecily Herondale. –Por favor. Solo una carta.
Will se echó hacia atrás el cabello oscuro, empapado de sudor, y la miró molesto.
–Pon tus pies en posición, –fue todo lo que dijo. Señaló con la punta de su daga. –Ahí, y ahí.
Cecily suspiró, y movió los pies. Había sabido que estaba fuera de posición; lo había estado haciendo intencionalmente, para aguijonear a Will. Era fácil aguijonear a su hermano. Tanto así recordaba sobre él de cuando tenía doce años. Incluso entonces, retarlo a hacer algo, como escalar el techo inclinado de su casa solariega, había resultado en la misma cosa: una flama azul de enojo en sus ojos, una mandíbula tensa, y a veces Will con una pierna o brazo rotos al final de todo.

Por supuesto este hermano, el Will casi adulto, no era el hermano que ella recordaba de la infancia. Había crecido más explosivo y más alejado. Tenía toda la belleza de su madre, y toda la obstinación de su padre - y ella temía que la inclinación de su padre a los vicios, aunque ella solo asumía eso por los susurros entre los ocupantes del Instituto.

–Levanta tu espada, –dijo Will. Su voz tan fría y profesional como la de su institutriz.

Cecily la levantó. Le había tomado algún tiempo el acostumbrarse a la sensación de la ropa de combate contra la piel: la túnica suelta y los pantalones, el cinturón alrededor de su cintura. Ahora se movía en él tan confortablemente como se había movido en el camisón más suelto.
–No entiendo por qué no consideras escribir una carta. Una sola carta.
–Yo no entiendo, como es que no consideras irte a casa, –dijo Will. –Si solo accedieras a regresar a Yorkshire tu misma, podrías dejar de preocuparte sobre nuestros padres, y yo podría arreglar.
Cecily lo interrumpió, habiendo ya escuchado ese discurso mil veces.
–¿Podrías considerar una apuesta, Will?
Cecily estaba ambas satisfecha y un poco decepcionada de ver que los ojos de Will brillaron, justo del modo en que los de su padre siempre hacía cuando se sugería una apuesta entre caballeros. Los hombres era tan fáciles de predecir.
–¿Qué clase de apuesta?
Will dio un paso al frente. Estaba usando ropa de combate; Cecily podía ver las Marcas que se entrelazaban en sus muñecas, la runa de la memoria en su garganta. Le había tomado tiempo el ver las Marcas como otra cosa que desfigurantes, pero ahora estaba acostumbrada a ellas – así como se había acostumbrado a usar el uniforme, a los grandes salones con eco del Instituto, y a sus peculiares habitantes.
Apuntó al muro frente a ellos. Una diana antigua había sido pintada en el muro, en negro: un ojo de buey dentro de un círculo más grande.
–Si le atino al centro de eso, tres veces, tienes que escribirle una carta a Papá y Mamá y decirles cómo estás. Debes decirles de la maldición y por qué te fuiste.
El rostro de Will se cerró como una puerta, del modo en que lo hacía cuando ella hacía esa petición. Pero,
–Nunca vas a atinar tres veces sin fallar, Cecy.
–Bueno entonces no debería ser de mucha preocupación para ti, el hacer la apuesta, William. “Ella usó su nombre completo a propósito. Ella sabía que le molestaba, viniendo de ella, aunque cuando lo hacía su mejor amigo Jem – no, su parabatai; ella había aprendido desde que vino al Instituto que esas eran cosas bastante distintas – Will parecía tomarlo como un término de cariño. Posiblemente era porque aún tenía recuerdos de ella gateando detrás de él sobre piernas regordetas, llamándole Will, Will, tras él, en un galés sin aliento. Ella nunca lo había llamado “William,” siempre solo “Will” o su nombre en galés Gwilym.

Sus ojos se entrecerraron, esos ojos azul oscuro del mismo color que los de ella. Cuando su madre había dicho cariñosamente que Will sería un rompecorazones, cuando creciera, Cecily la había mirado con dudas. Will era todo brazos y piernas entonces, flacucho y desarreglado y siempre sucio. Aunque ella podía verlo ahora, lo había visto cuando entró en el comedor del Instituto y él se puso de pie por la sorpresa, y había pensado: Ese no puede ser Will.


Él había vuelto esos ojos hacia ella, los ojos de su madre, y ella había visto enojo en ellos. No estuvo contento de verla, para nada. Y en donde en sus recuerdos había estado un muchacho flacucho con el cabello negro salvaje, enmarañado como el de un gitano, y hojas en sus ropas, ahora estaba este hombre alto y aterrador en su lugar. Las palabras que quería decirle se disolvieron en su lengua, y lo había igualado, mirada feroz por mirada feroz. Y así había sido desde entonces, Will apenas soportando su presencia como si ella fuera una piedra en su zapato, una molestia constante pero menor.


Cecily respiró profundamente y levantó la barbilla preparándose para tirar el primer cuchillo. Will no sabría nunca las horas que había pasado en su habitación, a solas, practicando, aprendiendo como balancear el peso del cuchillo en la mano, descubriendo que una buena lanzada de cuchillo comenzaba desde atrás del cuerpo. Mantuvo los dos brazos rectos hacia abajo y lanzó su brazo derecho por detrás de su cabeza, antes de lanzarlo y el peso de su cuerpo hacia adelante. La punta del cuchillo estaba en línea con el objetivo. La soltó y chasqueó la mano hacia atrás, jalando un jadeo. El cuchillo se clavó, con la punta en la pared, exactamente en el centro de la diana.
–Uno, –dijo Cecily dándole a Will una sonrisa de superioridad.
Él la miró como de piedra, arrancó el cuchillo de la pared y se lo dio de vuelta. Cecily lo lanzó. El segundo tiro, como el primero voló directamente hacia su objetivo se clavó ahí, vibrando como un dedo burlón.
–Dos, –Cecily dijo en un tono sepulcral.
La mandíbula de Will se apretó, mientras tomaba el cuchillo de nuevo y se lo presentaba. Ella lo tomó como una sonrisa. La confianza fluía a través de sus venas como sangre nueva. Ella sabía que podía hacer esto. Siempre había sido capaz de escalar tan alto como Will, correr tan rápido sostener la respiración tanto tiempo…
Lanzó el cuchillo. Se clavó en su objetivo, y ella saltó en el aire, aplaudiendo, olvidándose por un momento en la emoción de la victoria.
Su cabello se salió de los pasadores y se derramó en su cara; ella lo empujó hacia atrás y le sonrió a Will. “¡Deberás escribir esa carta. Accediste a la apuesta!”
Para su sorpresa, él le sonrió.
–Oh, la escribiré, –dijo. –La escribiré, y entonces la lanzaré al fuego. –Él sostuvo una mano en alto contra su arranque de indignación. –Dije que la escribiría. Nunca dije que iba a enviarla.
El aliento de Cecily salió en un jadeo.
–¡Cómo te atreves a engañarme de esa manera!
–Te dije que no tenías madera de Cazador de Sombras, de otro modo no hubieras sido engañada tan fácilmente. No voy a escribir la carta Cecily, es contra la Ley, y es el fin de esto.
–¡Como si te importara la Ley! –Cecily dio un pisotón y estuvo inmediatamente más molesta que nunca; detestaba a las chicas que daban pisotones.
Los ojos de Will se estrecharon.
–Y a ti no te importa el ser una Cazadora de Sombras. ¿Cómo es esto? Escribiré una carta y te la daré si prometes entregarla en casa tu misma y no regresar.
Cecily se echó atrás. Tenía muchos recuerdos de competencias a gritos con Will, de las muñecas de porcelana que tenía y que él había roto lanzándolas por la ventana del ático; pero también había amabilidad en sus recuerdos - del hermano que había vendado una rodilla herida, o que había vuelto a atar sus listones del cabello cuando se soltaban. Esa amabilidad estaba ausente del Will que estaba de pie frente a ella ahora. Mamá solía llorar por el primer año o dos después de que Will se fuera; ella había dicho, sosteniendo a Cecily contra ella, que los Cazadores de Sombras, le quitarían "todo el amor". Personas frías, le había dicho a Cecily, gente que había prohibido el matrimonio con su esposo. ¿Que podría querer con ellos, su Will, su pequeño?
–No iré, –dijo Cecily, mirando a su hermano hacia abajo. –Y si insistes en que debo, entonces yo… yo…
La puerta del ático se abrió y la silueta de Jem se quedó de pie en la entrada.
–Ah, –dijo, –amenazándose el uno al otro, ya veo. ¿Esto lleva toda la tarde o acaban de comenzar?

–Él comenzó, –dijo Cecily, sacando la barbilla hacia Will, aunque sabía que no tenía sentido. Jem, el parabatai de Will, la trataba con la dulce distante amabilidad reservada para las hermanas pequeñas de los amigos de uno, pero él siempre tomaba el lado de Will. Amablemente pero firmemente, ponía a Will por encima de cualquier otra cosa en el mundo.
Bueno, casi todo. Ella había estado más que sorprendida por Jem cuando había llegado al Instituto por primera vez; él tenía esa inusual belleza fuera de este mundo, con su cabello y ojos plateados y la delicadeza extranjera de sus rasgos. Se veía como un príncipe en un libro de cuentos de hadas, y ella pudo haber considerado el desarrollar un encariñamiento con él, si no hubiera sido tan absolutamente claro que él estaba completamente enamorado de Tessa Gray. Sus ojos la seguían a donde fuera, y su voz cambiaba cuando le hablaba. Cecily una vez escuchó a su madre decir con diversión que uno de los muchachos del vecino, veía a una chica como si fuera "la única estrella en el cielo" y ese era el modo en que Jem miraba a Tessa.

Cecily no lo resentía: Tessa era agradable y amable con ella, si acaso un poco tímida, y con su cara siempre escondida en un libro como Will. Si esa era la clase de chica que Jem quería, ella y él nunca hubieran encajado y entre más tiempo permanecía en el Instituto, más se daba cuenta que tan incómodas hubieran sido las cosas con Will. Él era ferozmente protector de Jem, y él hubiera estado siempre vigilándola en caso de que ella alguna vez angustiara o lastimara a Jem de algún modo. No, ella estaba mucho mejor simplemente quedándose fuera de toda esa situación.
–Sólo estaba pensando en abrigar a Cecily y dársela de comer a los patos de Hyde Park, –dijo Will, haciendo a un lado su cabello húmedo y favoreciendo a Jem con una rara sonrisa. –Podría usar tu asistencia.
–Desafortunadamente, puede que tengas que retrasar tus planes fratricidas un poco más. Gabriel Lightwood está abajo, y tengo dos palabras para ti. Dos de tus palabras favoritas, al menos cuando las pones juntas.

–¿Absoluta simpleza? –inquirió Will. –¿Advenedizo sin valor?
Jem sonrió.
–Viruela Demoníaca, –dijo.
Sophie balanceó la bandeja en una mano con la facilidad de mucha práctica mientras golpeaba en la puerta de Gideon Lightwood con la otra. Escuchó el sonido de un movimiento apresurado y la puerta se abrió. Gideon estaba de pie frente a ella en sus pantalones, tirantes, y una camisa blanca enrollada hasta los codos. Sus manos estaban húmedas, como si se acabara de pasar los dedos rápido por el cabello, que también estaba mojado. Su corazón dio un salto dentro de su pecho, antes de asentarse. Se forzó a si misma a fruncirle el ceño.
–Señor Lightwood, –dijo ella. –He traído los panecillos que solicitó y Bridget le hizo un plato de sandwiches también.
Gideón dio un paso hacia atrás y la dejó entrar en su habitación. Era como todos los otros dormitorios en el Instituto: muebles pesados y oscuros, una gran cama de cuatro postes, una amplia chimenea, y ventanas que en este caso daban hacia el patio abajo. Sophie pudo sentir su mirada sobre ella mientras se movía a través de la habitación para colocar la bandeja en la mesa frente al fuego. Se enderezó y se dio la vuelta hacia él, con las manos dobladas frente a su delantal.
Sophie-," comenzó él.
–Señor Lightwood, –ella interrumpió. –¿Hay alguna otra cosa que necesite?
Él la miró medio rebelde, medio triste.
–Desearía que me llamaras Gideon.
–Se lo he dicho, no puedo llamarle por su nombre de pila.
–Soy un cazador de Sombras, no tengo un nombre de pila. Sophie, por favor. –El dio un paso hacia ella. –Antes de que tomara residencia en el Instituto, pensé que estábamos en buen camino hacia una amistad. Y aun así, desde el día que llegué, has sido fría conmigo.
Las manos de Sophie se fueron involuntariamente hacia su cara. Ella recordaba al Amo Teddy, el hijo de su antiguo empleador, y la manera horrible en que la atrapaba en las esquinas oscuras y la apretaba contra la pared, con manos trepando por su corpiño, murmurándole en el oído de que más le valía ser amigable con él, si sabía lo que era bueno para ella. El pensamiento la llenaba de nauseas incluso ahora.
–Sophie. –Los ojos de Gideon se arrugaron con preocupación en las esquinas.

–¿Qué pasa? Si hay algo malo que yo te haya hecho, algún desliz, por favor dime que ha sido para que pueda remediarlo.
–No hay ningún error, ningún desliz. Es un caballero, y yo una sirvienta; algo más sería una familiaridad. Por favor no me haga sentir incómoda, Señor Lightwood.
Gideon, quien había medio levantado la mano, la dejó caer a su costado. Se veía tan desconsolado que el corazón de Sophie se suavizó. Yo tengo todo que perder, y él no tiene nada que perder, se recordó a sí misma. Es lo que se había dicho más tarde aquella noche, descansando en su angosta cama, con el recuerdo de un par de ojos color tormenta, acosándola en su cabeza.
–Había pensado que éramos amigos, –dijo.
–No puedo ser su amiga.
Él dio un paso adelante.
–¿Que si fuera a pedirte qué…?
–Gideon! –Era Henry, en la puerta abierta, sin aliento, usando uno de sus terribles chalecos a rayas verde con naranja.
–Tu hermano está aquí. Abajo.
Los ojos de Gideon se ampliaron.
–¿Gabriel está aquí?
–Sí. Gritando algo sobre tu padre, pero él no nos dirá más a menos que tú estés ahí. Lo jura. Ven conmigo.
Gideon dudó, sus ojos moviéndose de Henry a Sophie, quien trató de ser invisible.
–Yo...
–Ven ahora, Gideon. –Henry rara vez hablaba con dureza, y cuando lo hacía el efecto era sorpresivo. –Está cubierto en sangre.
Gideon palideció, y alcanzó la espada que colgaba de un set de clavijas dobles en su puerta.
–Estoy en camino.
Gabriel Lightwood se inclinó contra la pared dentro de las puertas del Instituto, su chaqueta no estaba, su camisa y pantalones empapados en escarlata. Afuera, a través de las puertas abiertas, Tessa podía ver el carruaje de los Lightwood, con su flamante ostentación, traído hasta el pie de los escalones. Gabriel debió conducirlo él mismo.
–Gabriel, –dijo Charlotte conciliadora, como si tratara de apaciguar a un caballo salvaje. –Gabriel, dinos que pasó por favor.

Gabriel, alto y delgado, con el cabello café pegajoso con sangre se frotó la cara, con ojos salvajes. Sus manos estaban sangrientas también.
–¿Dónde está mi hermano? Tengo que hablar con mi hermano.

–Está bajando. Envié a Henry a buscarle, y Cyril para que prepare el carruaje del Instituto. Gabriel ¿estás herido? ¿Necesitas un iratze? –Charlotte sonaba tan maternal como si este muchacho jamás la hubiera echado de cabeza desde detrás de la silla de Benedict Lightwood, como si nunca hubiera conspirado con su padre para quitarle el Instituto.
–Es un montón de sangre, –dijo Tessa, presionando. –Gabriel, no toda es tuya ¿o sí? –Gabriel la miró. Era la primera vez, pensó Tessa, que ella lo había visto comportarse con ninguna pose. Era solo un miedo aturdidor en sus ojos confusión.

–No... Es de ellos.
–¿Ellos? ¿Quiénes son ellos? –Era Gideon, bajando con prisa las escaleras, una espada en su mano derecha. Junto con él venía Henry, y Jem y detrás de ellos Will y Cecily. Jem se detuvo en los escalones con sorpresa, y Tessa se dio cuenta de que la había visto con su vestido de novia. Sus ojos se ampliaron pero los otros ya se estaban abriendo paso y estaba siendo arrastrado por las escaleras como una hoja en una corriente de aire.
–¿Padre está herido? –prosiguió Gideon, deteniéndose frente a su hermano. –¿Lo estás tú? –Levantó la mano y tomó la cara de su hermano acunando su barbilla, y volviéndola hacia él. Aunque Gabriel era más alto, la mirada de hermano menor estaba clara en su rostro alivio de que su hermano estuviera ahí, y un brillo de resentimiento hacia su tono autoritario.
–Padre..., –comenzó Gabriel. –Padre es un gusano.

Will dio una corta risotada. Estaba en ropa de combate como si acabara de llegar de la sala de práctica, y su cabello se enredaba húmedo contra sus sienes. No estaba mirando a Tessa, pero ella ya se había acostumbrado a eso. Will difícilmente la miraba a menos que tuviera que hacerlo.
–Es bueno ver que has cambiado tu visión de las cosas, Gabriel, pero esta es una manera inusual de anunciarlo.

Gideon le lanzó a Will una mirada de reproche antes de volverse a su hermano de nuevo.
–¿A qué te refieres Gabriel? ¿Que hizo Padre?
Gabriel sacudió la cabeza.
–Es un gusano, –dijo de nuevo sin entonación.
–Lo sé. Ha traído la vergüenza al nombre Lightwood, y nos mintió a los dos. Avergonzó y destruyó a nuestra madre. Pero no necesitamos ser así con él.
Gabriel se alejó del agarre de su hermano, sus dientes de pronto mostrando una mueca de enojo.
–No estás escuchándome, –dijo. –Es un gusano. Un gusano. Una cosa sangrienta enorme con forma de serpiente. Ya que Mortmain dejó de enviar la medicina, ha estado peor. Cambiando. Esas llagas en sus brazos, comenzaron a cubrirle. Sus manos, su cuello, s-su cara... –Los ojos verdes de Gabriel buscaron los de Will. –Era la viruela, ¿no es así? Tu sabes todo sobre eso, ¿cierto? ¿No eres algo así como un experto?

–Bueno, no hay necesidad de actuar como si yo la hubiera inventado, –dijo Will. –Sólo porque creía en su existencia. Hay recuentos de ello, viejas historias en la biblioteca.
–¿Viruela demoníaca? –dijo Cecily, su cara deshecha con la confusión. –Will, ¿de qué está hablando?
Will abrió la boca, y se ruborizó un poco en las mejillas. Tessa escondió una sonrisa. Habían sido semanas desde que Cecily llegó al Instituto, y aun así su presencia molestaba y enojaba a Will. El no parecía saber cómo comportarse alrededor de su hermana pequeña, quien no era la niña que él recordaba, y cuya presencia él insistía no era bienvenida.

Y aun así, Tessa lo había visto seguir a Cecily con los ojos alrededor de la habitación, con el mismo amor protector en su mirada que veces le prodigaba a Jem. Seguramente la existencia de la viruela demoníaca y el como la adquiría uno, era la última cosa que él quisiera explicarle a Cecily.
–Nada que necesites saber, –murmuró.

Los ojos de Gabriel se fueron hacia Cecily, y sus labios se abrieron con la sorpresa. Tessa pudo notar como tomaba apreciación de Cecily. Los padres de Will debieron haber sido ambos muy hermosos, pensó Tessa, por que Cecily era tan bonita como Will era guapo, y con el mismo cabello negro brillante y sorprendentes ojos azules. Cecily le devolvió la mirada con atrevimiento, su expresión curiosa; debía estarse preguntando quien era este muchacho a quien parecía disgustarle tanto su hermano.

–¿Está Padre muerto? –Demandó Gideon, levantando la voz. –¿Lo ha matado la viruela demoníaca?
–No muerto, –dijo Gabriel. –Cambiado. Lo ha transformado. Hace unas semanas se movió hacia nuestra casa en Chiswick. El no dijo por qué. Entonces hace unos días, se encerró a sí mismo en el estudio. No salía ni siquiera comía. Esta mañana fui al estudio a tratar de levantarlo. La puerta había sido arrancada de sus goznes. Había un... un rastro de algo baboso dirigiéndose hacia el salón. Lo seguí escaleras abajo y hacia los jardines. El miró al rededor a la ahora entrada silenciosa. Se ha convertido en un gusano. Es lo que estoy diciéndote."
–No supongo que sería posible, –dijo Henry en el silencio. –¿él, um, lo pisaste?
Gabriel lo miró con disgusto.
–Busqué alrededor de los jardines. Encontré algo de los sirvientes. Y cuando digo, encontré, algo de ellos, digo exactamente lo que estoy diciendo. Habían sido hechos - hechos pedazos. –Tragó y miro hacia sus ropas sangrientas. –Escuché un sonido, como un chillido o aullido. Me volví y lo vi venir hacia mí. Un enorme gusano ciego, como un dragón salido de una leyenda. Su boca estaba completamente abierta, llena con dientes afilados. Me di la vuelta y corrí hacia los establos. Vino arrastrándose detrás de mí, pero salté en el carruaje y lo conduje por las puertas. La creatura Padre no me siguió. Creo que tiene miedo de que lo vea la población en general.
–Ah, –dijo Henry. –Es demasiado grande para pisarlo, entonces.
–No debería haber corrido, –dijo Gabriel, mirando a su hermano. –Debería haberme quedado y luchado contra la criatura. Quizás razonar con él. Quizás Padre esté ahí en alguna parte.
–Y quizás te hubiera partido a la mitad de una mordida, –dijo Will. –Lo que estás describiendo es la transformación en un demonio, es la última etapa de la viruela.
–Will! –Charlotte levantó las manos. –¿Por qué no dijiste eso?
–Los libros sobre Viruela Demoníaca, están en la biblioteca, ya sabes. –dijo Will con un tono herido. –Yo no estaba evitando a nadie el que los leyera.
–Sí, pero si Benedict iba a convertirse en una enorme serpiente, se pensaría que al menos podrías haberlo mencionado, –dijo Charlotte. –Como un asunto de interés general.
–Primero, dijo Will, –No sabía que iba a convertirse en un gusano gigantesco. La etapa final de la viruela demoníaca es convertirse en un demonio. Podría haber sido uno de cualquier tipo. Segundo, el proceso de transformación toma semanas en ocurrir. Hubiera pensado que incluso un idiota certificado como Gabriel se hubiese dado cuenta y hubiera notificado a alguien.
–¿Notificarle a quien? –preguntó Jem, no sin razón El se había movido más cerca de Tessa a medida que la conversación continuaba. Mientras estaban lado a lado, los dorsos de sus manos se rozaban.
–La Clave. El cartero. A nosotros. A cualquiera, –dijo Will, lanzando una mirada irritada a Gabriel quien estaba comenzando a tomar color de nuevo, y se veía furioso.
–No soy un idiota certificado.
–La falta de certificación difícilmente prueba inteligencia, –Will murmuró.
–Como les dije, Padre se encerró en el estudio durante la semana pasada.
–¿Y no pensaste poner atención especial a eso? –dijo Will.
–Tu no conoces a nuestro padre, –dijo Gideon en el tono de voz plano que usaba a veces cuando las conversaciones sobre su familia eran inevitables. Se volvió de nuevo a su hermano y puso las manos en los hombros de Gabriel, hablando serenamente en tonos mesurados que ninguno de ellos podían escuchar.
Jem junto a Tessa, enganchó su dedo pequeño a través del de ella. Era un gesto de cariño habitual, al que Tessa se había acostumbrado durante los meses pasados, lo suficiente que a veces ella extendía su mano sin pensarlo cuando él estaba parado junto a ella.
–¿Ese es tu vestido de bodas? –preguntó en voz baja.
Tessa se salvó de responder, por la aparición de Bridget, trayendo ropas de combate, y Gideon de pronto volviéndose a todos ellos y diciendo:
–Chiswick. Debemos ir. Gabriel y yo, si nadie más.
–¿Irán solos? –preguntó Tessa, lo bastante sorprendida como para hablar fuera de turno. –Pero ¿por qué no llaman a otros para que vayan con ustedes?
–La Clave, –dijo Will, sus ojos azules con perspicacia. –El no quiere que la Clave sepa sobre su padre.
–¿Tu querrías? –dijo Gabriel acalorado. –¿Si fuera tu familia? –Sus labios se curvaron. –No importa. No es como si tú supieras el significado de la lealtad.
–Gabriel. –La voz de Gideon era de reproche. –No le hables a Will de ese modo.
Gabriel parecía sorprendido, y Tessa difícilmente podía culparle. Gideon sabía de la maldición de Will por supuesto, de la creencia que había causado su hostilidad y sus modales abruptos, como todos en el Instituto lo sabían, pero la historia era privada para ellos, y no se le había dicho a nadie de fuera.
–Iremos con ustedes. Por supuesto que iremos con ustedes, –dijo Jem, dejando la mano de Tessa y dando un paso al frente. –Gideon nos hizo un servicio. No lo hemos olvidado, ¿verdad Charlotte?

–Por supuesto que no, –dijo Charlotte, dándose la vuelta.
–Bridget, la ropa de combate.
–Convenientemente ya estoy en ropa de combate, –dijo Will mientras Henry se quitaba el abrigo y lo intercambiaba por la chaqueta de combate y el cinturón de armas; Jem hizo lo mismo, y de pronto el vestíbulo estaba lleno de movimiento.

Charlotte hablándole tranquilamente a Henry su mano posándose justo sobre su estómago. Tessa miró a otro lado del momento privado, y vio una cabeza oscura inclinarse junto a una clara. Jem estaba al lado de Will con su estela en mano, trazando una runa a un costado de la garganta de Will. Cecily miró a su hermano y frunció el ceño.
–También estoy convenientemente en ropa de combate, –anunció.
Will levantó de golpe la cabeza. Causando que Jem hiciera un molesto sonido de protesta.
–Cecily, absolutamente no.
–No tienes derecho a decirme que sí o no. –sus ojos relampaguearon. –Voy a ir.
Will volteó la cabeza hacia Henry, quien se encogió de hombros a manera de disculpa.
–Ella tiene derecho. Ha sido entrenada por casi dos meses.
–¡Es una niña pequeña!
– Tú estabas haciendo lo mismo a los quince, –dijo Jem tranquilamente, y Will se giró de regreso hacia él. Por un momento todos parecieron contener el aliento, incluso Gabriel. La mirada de Jem sostuvo la de Will, con firmeza, y no por primera vez Tessa tuvo la impresión de que intercambiaban palabras sin pronunciarlas.
Will suspiró y medio cerró los ojos.
–Luego querrá venir Tessa.
– Por supuesto que voy, –dijo Tessa. –Puede que no sea una Cazadora de Sombras, pero también he sido entrenada. Jem no va a ir sin mí.
–Estás en tu vestido de bodas, –protestó Will.
– Bueno, ya que todos lo han visto, no puedo usarlo para casarme con él, –dijo Tessa. –Ya saben, trae mala suerte.
Will gruñó algo en galés - inentendible pero claramente el tono de un hombre derrotado. A través de la habitación, Jem le dirigió a Tessa una ligera sonrisa de preocupación. La puerta del Instituto se abrió entonces, dejando entrar un rayo de luz otoñal hacia el vestíbulo. Cyril estaba de pie en el umbral, sin aliento.
–El segundo carruaje ya está listo, –dijo. –¿Quienes vendrán entonces?

***

Para: Consul Josiah Wayland
De: El Consejo

Querido Señor,
Como usted sin duda sabe, su mandato como cónsul, después de diez años, está llegando a su fin. Ha llegado el momento de nombrar un sucesor.
En cuanto a nosotros, estamos considerando seriamente el
nombramiento de Charlotte Branwell, nacida Fairchild. Ella ha hecho un buen trabajo como cabeza del Instituto de Londres y creemos que ella tendrá su sello de aprobación ya que fue nombrada por usted después de la muerte de su padre.
Ya que su opinión y estima son para nosotros del valor más alto agradeceremos cualquier idea que pueda tener al respecto.


Suyo con la más alta consideración,

Victor Whitelaw,
Inquisidor, a nombre del Consejo.

2 mar. 2013

Ya tenemos a Hana de Delirium

¡Jeanine Mason es quien interpretará a Hanna Tate!

"La ganadora de 'So you think you can dance' ha sido escogida en el próximamente piloto de Delirium.

Mason se une al cast para actuar junto al personaje principal Lena (Emma Roberts), como su fiestera mejor amiga, Hana, en el piloto basado en un libro donde el amor se considera una enfermedad conocida como el Deliria.

Describiendo a su personaje, Hana se describe como 'fiesta como un animal' y 'una aparentemente coqueta chica quién vive a lado de Julian Fineman y disfruta metiéndose en su cabeza'. Pero se burlaban de que Hana podría 'últimamente parecer menos rebelde de lo que ella es'.

Mason fue recientemente vista en la serie de ABC Family 'Bunheads' y es más conocida por ganar la quinta temporada de 'So you think you can dance'".

Sin palabras. Pensé que la serie no podría estar mas arruinada por todo lo que ya han cambiado pero al parecer me he equivocado. Jeanine ¿Encerio? Ella es bailarina, No actriz. Y sobre todo... ¡Ella No Es Rubia!
Infinito desprecio hacía Fox.

1 mar. 2013

Adelanto de Princesa Mecánica

Hace ya varios días Cassandra Clare publicó un adelanto del ultimo libro de la trilogía Cazadores de Sombras; Los Orígenes.

El adelanto no es la versión final pues Clare ese aún no lo tiene.

 
 

CONTIENE SPOILERS


"Escríbeles, Will," dijo Cecily Herondale. "Por favor. Solo una carta."

Will puso su pelo empapado de sudor y la miró. "Pon tus pies en posición," fue todo lo que dijo. Apuntó, con la punta de su daga. "Aquí, y aquí."

Cecily suspiró, y movió sus pies. Sabía que estaba fuera de posición; lo hizo intencionadamente, para fastidiar a Will. Era fácil hacer enfadar a su hermano. Solo eso recordaba sobre él de cuando tenía doce años. Incluso retándole a hacer cualquier cosa, incluso escalar la azotea tan empinada de su mansión, había resultado lo mismo: una flama azul de enfado en sus ojos, una mandíbula dura, y a veces Will con una pierna rota o un brazo al final.

Por supuesto este hermano, el Will casi adulto, no era el hermano que recordaba de su infancia. Había crecido más explosivo y retirado. Tenía toda la belleza de su madre, y toda la terquedad de su padre - y, ella temía, su propensidad a los vicios, aunque había supuesto por solo susurros entre los habitantes del Instituto.

"Alza tu cuchillo," dijo Will. Su voz era fría y profesional como su institutriz.

Cecily lo subió. Le había tomado un tiempo acostumbrarse al sentimiento del traje de batalla contra su piel: la túnica amplia y los pantalones, el cinturón alrededor de sus caderas. Ahora se movía cómodamente como si siempre se hubiera movido en ropa de cama ancha. "No entiendo por qué no consideras escribirles una carta. Una sola carta."

"No entiendo por qué no consideras volver a casa," dijo Will. "No estás hecha para cosas de Cazadores de Sombras, Cecy; solo viniste aquí para convencerme de ir a casa contigo, cosa que no haré. Si accedieras a volver a casa tú sola, podrías parar de preocuparte por nuestros padres y yo podría arreglar -"

Cecily le interrumpió, habiendo oído este discurso cientos de veces. "¿Considerarías una apuesta, Will?"

Cecily estaba tanto complacida como un poco decepcionada al ver el brillo en los ojos de Will, justo de la manera en que su padre siempre hacía cuando otro hombre le sugería apostar. Los hombres eran tan fáciles de predecir, pensó.

"¿Qué tipo de apuesta Cecily?" Will dio un paso más cerca; usaba el traje de batalla; Cecily podría ver las marcas que teñían su pecho, la runa de memoria en su cuello. Había necesitado un tiempo para ver las marcas como algo más que desfiguraban a su hermano, pero ahora se había acostumbrado a ellas - así como se había acostumbrado al traje de batalla, al gran echo de las paredes del Instituto, y a sus habitantes peculiares. Apuntó a la pared frente a ellos. Un objetivo antiguo había sido pintado en la pared en negro: un punto negro dentro de un gran círculo. "Si doy en el centro de eso tres veces, tienes que escribir una carta a Pa y Ma y decirles cómo estás. Tienes que explicarles lo de la maldición y por qué te fuiste."

La cara de Will se cerró como una puerta, la manera en la que siempre lo hacía cuando ella le pedía esas cosas. Pero, "Nunca vas a darle tres veces sin fallar, Cecy."

"Bueno, entonces no debería ser una gran preocupación para hacer la puesta, William." Usó todo su nombre a propósito y de manera fría; sabía que le molestaba, viniendo de ella, aunque cuando su mejor amigo - no, su parabatai, había aprendido desde que llegó al Instituto que eran cosas bastante diferentes - Jem lo hacía, él parecía que lo tomaba como un término de afecto. Posiblemente era porque todavía tenía recuerdos de ella dando tumbos detrás de él con piernas gorditas, llamándole Will, Will, en un galés sin aliento. Nunca le había llamado William, siempre solo Will o su nombre en galés, Gwilym.

Sus ojos se cerraron, esos ojos oscuros del mismo color que los de ella. Cuando su madre había dicho con afecto que Will podría ser un rompecorazones cuando creciera, Cecily siempre la había mirado dubitativamente. Will, le parecía a Cecily, era todo brazos y piernas, delgado y despeinado y siempre sucio. Podría verlo ahora, aunque lo había visto la primera vez que había entrado en el comedor del Instituto y se había quedado perpleja, y había pensado: Ese no puede ser Will.

Había girado esos ojos hacia ella, los ojos de su madre, y había visto la rabia en ellos. No se había alegrado de verla, en absoluto. Y en dónde había estado el chico delgado con una gran mata de pelo negro como un gitano y manchas en su ropa que tenía en la memoria, había un hombre alto y amenazador en su lugar. Las palabras que había querido decir se disolvieron en su lengua y solo le había encontrado, ojo por ojo. Y así había sido desde entonces, Will apenas soportando su presencia como su fuera una piedra en su zapato, una molestia continua.

Cecily cogió aire profundamente, alzó el mentón, y lanzó el primer cuchillo. Will no sabía, nunca habría sabido, las horas que había pasado, sola, practicando, aprendiendo a balancear el peso del cuchillo en su mano, descubriendo que un buen lanzamiento de cuchillo empezaba con el cuerpo. Sostuvo ambos brazos rectos ahora y estiró su brazo hacia atrás, detrás de su cabeza, antes de traerlo, y el peso de su cuerpo, hacia adelante - la punta del cuchillo estaba en la línea del objetivo - lo soltó y llevó la mano hacia atrás y jadeó.

El cuchillo estaba, apuntando a la pared, exactamente en el centro del objetivo.

"Uno," dijo Cecily, dándole a Will una sonrisa de superioridad.

La miró atónito, tirando del cuchillo de la pared, y dándoselo de nuevo.

Cecily lo lanzó. Segundo lanzamiento, como el primero, fue directamente al objetivo y se mantuvo allí, vibrando como un dedo burlón.

"Dos," dijo Cecily, en un tono sepulcral.

Will mantuvo la mandíbula recta mientras cogía el cuchillo y se lo daba de nuevo. Lo cogió con una sonrisa. Confianza fluía por sus venas como nueva sangre. Sabía que podía hacerlo. Siempre había sido capaz de escalar más alto que Will, correr más rápido, aguantar su respiración más tiempo....

Lanzó el cuchillo. Alcanzó el objetivo y saltó en el aire, aplaudiendo, olvidándose a sí misma en el momento de la victoria. Su cabello se cayó de las horquillas y se dispersó por su cara; lo retiró y sonrió a Will. "Deberías escribir esa carta. Me diste tu palabra."

Para su sorpresa, él le sonrió. "Oh, la escribiré," dijo él. "La escribiré, y luego la tiraré al fuego." Le levantó una mano ante su explosión de indignación. "Dije que la escribiría. Nunca dije que la mandaría."

El aire de Cecily salió en un jadeo. "¡Cómo te atreves a jugármela de esta manera!"

"Te dije que no estabas hecha para cosas de Cazadores de Sombras, o no sería tan fácil engañarte. No voy a escribir una carta, Cecy, va en contra de la Ley, y se acabó."

"¡Como si te importara la Ley!" Cecily selló con su pie, y estaba inmediatamente más enfadada que nunca; detestaba a las chicas que pateaban con sus pies. 

Will entrecerró los ojos. "Y no te preocupas para ser una Cazadora de Sombras. Que tal esto: Debo escribir una carta y te la doy si prometes llevarla a casa tu misma - y no volver."

Cecily retrocedió; tenía muchos recuerdos de jugar partidos con Will, con las muñecas chinas que tenía y él había roto lanzándolas por la ventana del ático; pero también había bondad en sus recuerdos: el hermano que había puesto un vendaje a su rodilla cortada, o recogido sus rizos cuando se habían salido del sitio. Esa bondad estaba ausente del Will que tenía delante ahora mismo. Su madre solía llorar durante el primer año o dos después que Will se fuera; había dicho, en galés, sosteniendo a Cecily, que ellos - los Cazadores de Sombras - "le quitarían todo el amor". Gente fría y sin amor, le había dicho a Cecily, quienes habían prohibido el matrimonio con su marido. ¿Qué podría querer de ellos, su Will, su pequeño?

"No me iré," dijo Cecily, mirando hacia abajo a su hermano. "Y si insistes que debería, lo haré - lo haré-"

La puerta del ático se abrió y la silueta de Jem estaba en la puerta. "Ah," dijo, "amenazándoos el uno al otro, veo. ¿Ha sido así toda la tarde o acaba de empezar?"

"Él lo ha empezado," dijo Cecily, señalando con la barbilla a Will, aunque sabía que no tenía sentido. Jem, el parabatai de Will, la había tratado con la distante dulzura reservada a las hermanas pequeñas de los amigos, pero siempre estaría del lado de Will. Amablemente, pero de manera firme, siempre había puesto a Will por delante de todo en el mundo."

Bueno, casi todo. Había sido golpeada por Jem cuando llegó al Instituto por primera vez - tenía una belleza sobrneatural, inusual, con su pelo y ojos plateados, y la delicada extrañeza de sus rasgos. Parecía un príncipe en un cuento de hadas, y habría considerado desarrollar una relación con él si no hubiera estado absolutamente claro que estaba totalmente enamorado de Tessa Gray. Sus ojos la seguían adónde fuera que estuviera, y su voz cambiaba cuando hablaba con ella. Cecily una vez había oído a su madre decir el entretenimiento cuando uno de sus vecinos miraba a la chica como si fuera "la única estrella del cielo" y esa era la manera en que Jem miraba a Tessa.

Cecily no estaba resentida: Tessa había sido buena con ella, incluso un poco tímida, y con su cara metida en un libro como Will. Si esa era el tipo de chica que Jem quería, ella y él nunca harían encajado - y cuando más tiempo estaba en el Instituto, más se daba cuenta de lo incómodo que habrían sido las cosas con Will. Era ferozmente protector con Jem, y la habría vigilado constantemente en caso que le hubiera angustiado o hacerle daño en alguna manera. No - ella era mejor que todo eso.

"Estaba pensando en atar a Cecily y darla de comer a los patos en Hyde Park," dijo Will, empujando su pelo mojado hacia atrás y favoreciendo a Jem con una extraña sonrisa. "Podría usar tu ayuda."

"Desafortunadamente, tendrías que retrasar en tus planes un poco más. Gabriel Lightwood está abajo y tiene dos palabras para ti. Dos de tus palabras favoritas, al menos cuando las pones juntas." 

"¿Necio total?" inquirió Will. "¿Advenedizo inútil?"

Jem sonrió. "Viruela demoníaca," dijo.