28 feb. 2013

Fragmento de Alex Sheathes (Delirium)

Porbablemente muchos de ustedes ya han leído este fragmento pero
como ultimamente el tiempo no me elcanza para leer...                 

Lauren Oliver publicó que este fragmento solo estaría en las primeras ediciones de tapa dura del libro Requiem.

Fragmento:
"¿Cómo la amo?
Déjame contar las maneras.
Amo las pecas de su nariz como la sombra de la sombra; la forma en la que ella se mordía el labio inferior cuando estaba pensando y la forma en la que su cola de caballo se balanceaba cuando ella caminaba y como cuando corría se veía como si hubiera nacido yendo rápido y como ella encajaba perfectamente en mi pecho; su olor y el tacto de sus labios y su piel, siempre cálida, y como ella sonreía.
Como si tuviera un secreto.
Como ella siempre creaba palabras durante el Scrabble. Hyddym (música secreta). Grofp (comida de cafetería). Quaw (el sonido que un pato bebé hace). Como eructó el alfabeto una vez y yo me reí tanto que escupí gaseosa a través de mi nariz. 
Y como ella me miraba, como si yo pudiera salvarla de todo lo malo del mundo.
Este era mi secreto: ella fue la que me salvó".

26 feb. 2013

Daren Kagasoff como Alex Sheathes (DELIRIUM)

 

Hace poco que Hollywood Reporter ha anunciado que:
"Fox ha encontrado a su joven protagonista para Delirium.

El actor de 'La vida secreta de la adolescente america', Daren Kagasoff, será el protagonista masculino junto a Emma Roberts en la adaptación a la televisión de los libros de Lauren Oliver.


HISTORIA:

Los libros describen un mundo donde el amor se considera ilegal y puede ser erradicado con un procedimiento especial. Con 95 días hasta ir a su tratamiento programado, Lena Haloway (Roberts) hace lo impensable y se enamora.

Daren Kagasoff será Alex, el amor de Lena.

Es un policial uniformado que en la superficie parece difícil, engreído y un rígido seguidor de las normas del gobierno.

Por debajo, es un hombre con una agenda secreta: él es miembro de un grupo anti-gobierno dirigido por Tack Lawrence (Corey Reynolds), que se está infiltrando en los elementos más opresivos de la sociedad al mismo tiempo que oculta el hecho de que aún tiene mente propia. Un opositor vehemente del plan del gobierno para erradicar el amor, Alex se ve intensamente atraído por Lena. Para explorar un futuro juntos, él debe evitar que reciba la cura del gobierno y hacer que se una a su causa.



¿Enserio? Infinito desprecio hacía Fox. Primero, ese chico no es para nada al Alex de mi imaginación... Cierto, en algunas fotos sale lindo pero ¡ese no es Alex! Y no conformes con eso cambian la historia para que Alex sea un Policía... Really? 
Peroo... lo quiera o no Daren ha hecho que le de una oportunidad pues el está muy emocionado con el papel. Solo lean lo que ha estado diciendo en su Twitter:

 "¡OH MI DIOS, ESTOY MUY EMOCIONADO!".
***
"Estoy viviendo el sueño. Gracias a todos mis fans. #Delirium. #AlexSheathes".
***
"Gracias a todos mis fans. #Delirium. #AlexSheathes. #FOX". 
***
"@OliverBooks no lo puedo creer. Voy a trabajar muy duro. ¡Gracias, muchas gracias! #Delirium #AlexSheathes #FOX". 
***
"Bombardeo de noticias sobre Delirium. @DarenKagasoff aquí vamos #Delirium".



Y solo con esas palabras hizo que no lo odiara tanto y le diera una oportunidad ha su actuación. La historia la veo completamente perdida después de todo lo que le cambiaron así que solo queda esperar que actúan bien.

25 feb. 2013

IMM #3



 
Foto Familiar:

 
Besada por las Sombras es el tercer libro de la Saga Vampire Academy by Richelle Mead. Hace años que leí este libro pero como muchos otros mas, nunca le hice una reseña. El libro lo conseguí en Porrúa y creo que volveré a releer la Saga para hacer las reseñas.

Nada es para siempre de Ali Cronin. Después de haber estado viendo tanta promoción por Facebook decidí comprarlo en cuanto lo vi. Tengo un poco altas mis expectativas respecto a este libro así que espero no me decepcione.

El Ascenso es el ultimo libro de la trilogia by Amanda Hocking. No se que esperar de este libro por las diversas puntuaciones que ha tenido... así que solo espero que no termine decepcionandome.

Cielo Rojo de David Lozano Garbala. De este libro no se absolutamente nada. Solo lo compré porque no me podía decidir entre este u otro y mi hermano terminó escogiendo este. La verdad es que no llama mi atención y creo que me costará algo terminarlo si no me engancha desde el principio.


Hacia el fin del mundo es el primer libro de la trilogía del Malamor by José Ignacio Valenzuela. Después de que compré el libro, comencé a ver propaganda de el por todo Facebook. Al principio llamó mi atención pero estoy un poco renuente a comenzarlo.

Y esos son los libros que he adquirido recientemente.

23 feb. 2013

Olor a Libro

Hace tiempo estaba conversando con una amiga cuando se me ocurrió que debería existir un perfume con olor a libro. Busqué en Internet y lo que encontré fue lo siguiente:

"Paper Passion está escondido entre las páginas de un libro que contiene textos de Karl, Günter Grass (premio Nobel de literatura), Geza Schoen y Tony Chamber, Editor en jefe de Wallpaper y su costo es de 85 euros."



Después de eso me puse a pensar "¿A que se debe el olor de los libros?". Y como siempre, Internet tenía la respuesta.



Hay lectores que lo primero que hacemos al agarrar un libro es olerlo, poder sentir ese olor a libro nuevo o viejo, pero muy pocos de nosotros sabemos a qué se debe este aroma, que si lo pudiéramos embotellar se vendería como pan caliente, aunque ahora que lo pienso, leyendo acerca de lo que está detrás de este olor  puede que sí se pueda embotellar.
 
 
 
El olor de los libros se da por varios factores, entre ellos la tinta y el papel, éste último está conformado por una cantidad de lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal. La función de la lignina es darle firmeza a la madera de los troncos para que los árboles permanezcan erguidos y pasen de los dos metros de alto y los microorganismos y enzimas no los devoren. Al ser un endurecedor, y al papel venir de los árboles, tiene cierto nivel de lignina, lo que lo hace tener cierta resistencia y dureza. 
 
En la actualidad el papel de los libros tiene poca lignina, ya que utilizan papel libre de ácidos, esto para que las hojas permanezcan blancas por más tiempo, también tiene pH neutro para su conservación.
 
Una de las cosas que le sucede a la lignina con el paso del tiempo es que se oxida, por lo cual hace que el papel quede “amarillo”, por eso los libros viejos tienen hojas de este color. Otra de las cosas que pasa cuando se oxida la lignina es que comienza a desprender más olor, y aquí viene la explicación de por qué nuestros  libros tienen ese aroma que nos encanta a algunos: “El olor es resultado de cientos de compuestos orgánicos volátiles y semivolátiles resultado de la red de rutas bioquímicas de degradación del papel y depende tanto de la composición original del papel como del entorno en el que ha envejecido” y, dejando de lado lo científico un momento, lo que más nos interesa  ¡la lignina es prima hermana de la Vainilla!, por eso ese olor tan agradable que tienen los libros, ya que le da un aroma similar al de la vainilla, que por cierto fue sintetizada en 1874 por Ferdinand Tiemann y Wilhelm Haarmann a partir de la savia del pino, otro olor muy famoso.
 
Ahora ya sabes porque el olor a libros nuevos es tan maravilloso y nos gusta tanto entrar a las librerías o a las bibliotecas y quedarnos solo por el olor.
 

22 feb. 2013

¿Como escribir un Libro?

Uno. Los autores novatos no conocen cuál es el propósito de su libro.

Responda la siguiente pregunta, “¿Porque está usted escribiendo un libro?” ¿Busca usted fama y fortuna? ¿Lo hace para afrontar un reto? ¿Desea posicionar la marca de su negocio y ganar dinero? ¿Desea entretener a su audiencia?



Dos. Los autores que recién comienzan desconocen lo que su audiencia preferida desea o quienes son ellos.

Los autores tienen una idea y comienzan a escribir como si oyeran una voz automática. Si escribe ficción, ¿en dónde está su audiencia? ¿desea que ellos sean entretenidos? Si la obra trata de autoayuda, ¿cuáles beneficios obtendrán sus lectores luego de haber terminado de leer el libro? ¿En dónde está su audiencia para usted poder anunciarles? (dése cuenta que sus lectores no se encuentran en las librerías; ellos están en internet.)

Siempre es mejor escribir el libro que su audiencia desea y no escribir un libro y tener la esperanza que la gente lo compre.



Tres. Los escritores novatos piensan que ellos necesitan escribir un libro impreso de 200 o más páginas y que para publicarlo requieren de los servicios de un agente y un editor.

Actualmente las audiencias se encuentran en internet y ellos desean libros cortos y fáciles de leer. Los lectores no necesitan muchas historias debido a que su tiempo para leer es limitado. Ellos necesitan información rápida y fácil. Los miembros de su audiencia estarían dispuestos a comprar e imprimir un libro electrónico pequeño que no tenga más de cien páginas. Mientras que el libro resuelva su problema, a sus lectores no les importará quién es el editor.



Cuatro. Quienes comienzan escriben un capítulo introductorio acerca de SU historia.

Inicialmente, su audiencia desea conocer lo que usted puede hacer por ellos. Si usted narra su historia, involucre a su cliente utilizando un formato para “USTED”. Es mejor colocar su historia personal en el último capítulo o en las páginas finales de su libro.



Cinco. Los escritores no saben que ellos necesitan escribir primero el capítulo más fácil, no deben seguir necesariamente el orden del 1 al 8.

Si los autores optan por escribir primero un capítulo difícil, se encontrarán atorados fácilmente y es posible que renuncien o se queden enfrascados en una investigación eterna. Cuando los autores utilizan "el Modelo de Escritura de Capítulos Rápidos" de la autora Judy Cullins, ellos escribirán un texto que fluirá naturalmente, en forma de conversación.



Seis. Los autores principiantes piensan que es necesario investigar mucho.

Realmente, lo que usted sabe ya está en usted con respecto un tema en particular. Realice una corta lista de preguntas acerca de un tema para cada capítulo de su libro. Luego contéstelas. Ahora usted tiene una parte de la mitad de su capítulo. Las investigaciones normalmente reflejan que sus lectores desean estar comprometidos, no que les digan las cosas. A ellos les gusta descubrir, pero no que les enseñen.



Siete. Tanto los autores profesionales como los novatos escriben continuamente sin dar un respiro a sus lectores o sin darles una razón para continuar leyendo.

Permita que sus lectores volteen las páginas hasta el final. Coloque encabezados que enuncien beneficios en los capítulos localizados en la mitad de su libro de no ficción. Utilice un “gancho” en el encabezado o luego del encabezado para motivar a los lectores a terminar de leer el capítulo. Formule una pregunta o dos que los incluya y que sea consistente con el lugar en que se encuentran ahora en relación con el reto planteado.



Ocho. Los autores olvidan utilizar un gancho en el comienzo, a la mitad y al final de cada capítulo.

Los escritores se lanzan a hablar a sus lectores acerca de todo tipo de información que posiblemente ellos ni siquiera desean.

Usted, el autor, debe motivar a su lector para que continúe leyendo hasta finalizar cada capítulo. Y de esta manera todo el libro. Ahora, usted tendrá un fuerte equipo de ventas todas en las obras, todo el día que darán una excelente recomendación de su libro a sus contactos.



Nueve. Los autores no saben que un gancho incluye algunas preguntas con relación a la ubicación actual de su audiencia o algunos hechos que afectan a su lector.

Luego de utilizar el gancho, permita conocer a sus lectores cuál será el beneficio que recibirán al leer el capítulo.



Diez. Los autores de no ficción olvidan colocar un cierre al final de cada capítulo.

Quizás los autores siguen una lista que contiene una serie de pasos de acción. Incluya siempre un último párrafo que dé a los lectores una razón para continuar leyendo el siguiente capítulo. Recuerde, los beneficios venden.

Muchos clientes se sienten muy satisfechos luego del éxito alcanzado por sus libros luego de utilizar los servicios de una entrenadora de libros que ha escrito, publicado y vendido muchos libros. Judy Cullins tambien ha escrito libros acerca de las habilidades que se necesitan para terminar, publicar y promocionar sus libros, que a su vez promocionan su negocio. 

21 feb. 2013

Book Trailer + Prologo de Princesa Mecánica



¿Que les parece? Creo que yo no me lo esperaba tan "sangriento" el final y sobre todo, esos actores no son los personajes que tenía en mente... Aún que la musica me gustó.



York 1847
-Estoy asustada- dijo la niña sentada en la cama. -¿Abuelo, te quedarías conmigo? Aloysius Starkweather hizo un ruido impaciente con su garganta y llevo una silla cerca de la cama y se sentó en ella. Le complacía tanto que su nieta confiara en él, que a menudo él era el único que podía calmarla. Su comportamiento brusco nunca le había molestado, a pesar de su delicada naturaleza.
-No hay nada a que temer Adele- Dijo el –Ya verás Ella lo miro con los ojos bien abiertos. Normalmente las ceremonias de la primera runa se hacían en uno de los espacios del instituto de York pero como Adele era una niña frágil de salud, habían accedido a que podía ocurrir en su habitación donde estaría a salvo.
La niña estaba sentada al borde de la cama, su espalda estaba muy recta. Su vestido ceremonial era rojo y le hacía juego un hermoso moño en su fino cabello rubio. En su delgada cara sus ojos lucían enormes y sus brazos estrechos. Todo en ella era frágil, como una tasita de café china.
-Los hermanos silenciosos- Dijo. -¿Qué es lo que me harán?
-Dame tu brazo- Dijo él y ella le extendió su brazo con miedo. Él observó la trayectoria de sus venas en la pálida piel de su brazo. -Ellos usaran sus estelas, tu sabes lo que una estela. Es para hacer una marca en tu piel. Por lo general empiezan con la runa de visión pero en tu caso empezarán con una runa de fuerza.
-Porque no soy demasiado fuerte.
-Para hacerte más fuerte
-Como el caldo de carne- Adele arrugó su nariz.
-Afortunadamente no tan desagradable- río. -Sentirás un pequeño pinchazo, deberás ser fuerte y no llorar, porque los cazadores de sombras no lloran por dolor. Luego el pinchazo desaparecerá y te sentirás mucho más fuerte. Y ese será el final de la ceremonia, y celebraremos con tortas heladas.
Adele hizo ruido con sus tacones.
–Y una fiesta!
-Si, una fiesta y regalos- Él golpeo su bolsillo, donde había escondida una pequeña caja. Una pequeña caja forrada en fino papel azul que contenía un pequeño anillo familiar. – Tengo uno para ti justo aquí. Lo obtendrás luego de la ceremonia aquí mismo.
-Nunca tuve una fiesta para mí.
-Es porque te vas a convertir en una cazadora de sombras- Dijo Aloysius –¿Sabes porque es tan importante no? Tu primer marca significa que eres una Nephilim, como yo, como tu madre y tu padre. Significa que eres parte de la Clave. Parte de esta familia guerrera. Alguien diferente y mejor que cualquier otro.
-Mejor que cualquier otro- Repitió cuando la puerta de su cuarto se abrió y dos hermanos silenciosos entraron. Aloysius vio un destello de miedo en los ojos de Adele. Ella retiro su mano asustada. Frunció el seño. A Aloysius no le gustaba ver miedo en sus descendientes aunque no podía negar que
los hermanos eran espeluznantes en su silencio y en sus peculiares movimientos. Se movieron hasta el lado de la cama donde estaba Adele, cuando la puerta volvió a abrirse y los padres de Adele entraron a la habitación: Su padre, el hijo de Aloysius con cara de pánico; su esposa con un vestido rojo y un colgante de oro del que colgaba un dije con una runa. Le sonrieron a su hija quien les devolvió una sonrisa temblorosa.
Entonces el hermano silencioso susurró en su mente: “Adele Lucinda Starkweather” Era la voz del primer hermano silencioso. El hermano Cimon. “Ya tienes edad. Es hora de la primer marca del ángel que se te concederá. ¿Eres consciente del honor que se te da y de que harás todo en tu poder para ser digna de ella?”
-Sí- Contestó Adele.
“¿Y tu aceptas esta marca del ángel, que quedará grabada para siempre en tu cuerpo, un recordatorio de todo lo que le debes al ángel y tu deber sagrado al mundo?” Él corazón de Aloysius latió con orgullo.
-Lo acepto también- Dijo Adele.
“Entonces empecemos” La estela del hermano silencioso brillo en su larga mano blanca. Tomó el pequeño brazo de Adele, colocó la punta de la estela en su piel, y comenzó a dibujar. Líneas negras salieron de la punta de la estela y Adele se asombró de cómo el símbolo de la Fuerza tomaba color en su pálido y delgado brazo. Un delicado diseño de líneas interponiéndose unas con otras, cruzando sus venas, envolviendo su brazo. Su cuerpo estaba tenso, sus pequeños dientes se hundieron en labio inferior. Sus ojos brillaban mirando a Aloysius y el vio dolor en ellos. Era normal sentir un poco de dolor con la primera marca, pero lo que el realmente vio fue agonía. Aloysius se paro bruscamente, tirando la silla en la que había estado sentado.
– ¡Paren!- Gritó, pero era demasiado tarde. La runa estaba completa. El hermano silencioso se echó hacia atrás mirando. Había sangre en la estela. Adele estaba lloriqueado, consciente de la advertencia que su abuelo le había dicho de no llorar, pero luego su piel ensangrentada y chamuscada comenzó a quemar ennegreciendo y ardiendo bajo la runa como si fuera fuego. Y ella no pudo evitar lanzar la cabeza hacia atrás y comenzó a gritar y gritar.

Londres 1873
-Will- Charlotte Fairchild entreabrió la puerta del cuarto de entrenamiento del instituto. – ¿Will estas ahí?- Un gruñido sordo fue la única respuesta. La puerta se abrió por completo, revelando la habitación de techos altos que se encontraba al otro lado. Charlotte había crecido entrenando allí, y conocía cada recoveco de la habitación. El antiguo blanco pintado en la pared norte, las ventanas cuadradas, tan viejas que eran más gruesas en la base que en la parte superior. En el medio de la habitación estaba Will Herondale con un cuchillo en su mano derecha.
Giró la cabeza para mirar a Charlotte, y ella otra vez recordó lo extraño que él era.
A pesar de que a los doce años seguía siendo apenas un niño, era muy lindo. Tenía el cabello espeso y oscuro, el cual se ondeaba ligeramente dónde tocaba su nuca -se encontraba cubierto de sudor y pegado a su frente- su piel había sido bronceada por el sol y el aire campestre en su primera llegada al Instituto. Aunque seis meses viviendo en la ciudad habían bastado para quitarle su color, causando ese destacado rubor en sus pómulos. Sus ojos eran de un inusual y luminoso azul. Hubiera sido un hombre realmente atractivo si pudiera hacer algo con respecto al ceño que constantemente retorcía su semblante.
-¿Qué pasa, Charlotte?- Espetó. Todavía hablaba con un suave acento Galés. Un problema en sus vocales que podría haber sido encantador si su pronunciación no hubiera sido tan agria. Se refregó el antebrazo sobre su frente a la vez que ella caminaba a través de la puerta, luego se detuvo.
-Te he estado buscando por horas- Dijo ella con aspereza, ya que eso tenía un pequeño efecto sobre Will y nada tenía efecto sobre él cuando estaba malhumorado. Y siempre lo estaba. -¿No recuerdas que ayer te dije que hoy le íbamos a dar la bienvenida a una nueva persona en el instituto?
-Oh, lo recuerdo- Will revoleó el cuchillo y este se clavó justo afuera del blanco. Frunció el ceño. –Pero no me interesa.
El chico detrás de Charlotte lanzó un sonido ahogado. Una risa, pensó ella. Pero ¿cómo podía estar riendo? Había sido advertida que el chico que llegó al Instituto desde Shangai no estaba bien. Pero se exaltó cuando él bajó del carruaje pálido y balanceándose como una hoja en el viento. Su oscuro cabello rizado, moteado con canas plateadas hacían que pareciera un hombre entrando a sus ochentas y no un niño de doce años. Sus ojos eran grandes, de un color negruzco y plateado al mismo tiempo.
Era algo extrañamente hermoso atrapado en un rostro tan delicado.
-Will, se educado- Dijo, atrayendo al chico nuevo hacia ella y adentrándolo en la habitación. –No te preocupes por Will, él es solo tímido. Will Herondale, te presento a James Carstairs del Instituto de Shangai.
-Jem- Dijo el chico. –Todos me llaman Jem- Dio otro paso hacia la habitación, su mirada mantenida en Will con una amistosa curiosidad. Para sorpresa de Charlotte, su voz no mostró ningún rastro de acento. Pero por supuesto, si su padre era –había sido- británico. –Tú también puedes.
-Bueno, si todos te llaman de esa manera, no es un ningún favor especial para mi ¿o si?- El tono que empleó Will era ácido para alguien tan joven. Era increíblemente capaz de ser desagradable. –Creo que debes entender, James Carstairs, que si te metes en tus asuntos y me dejas solo será lo mejor  para ambos.
Charlotte suspiró para sus adentros. Tenía la esperanza de que este chico con la misma edad de Will lograra desarmar su ira y crueldad. Pero estaba claro que a Will no le interesaba si otro chico cazador de sombras llegaba al Instituto. Él no quería amigos.
Ella miró a Jem, esperando verlo sorprendido o dolido, pero solamente estaba sonriendo un poco, como si Will fuera un gatito que hubiera intentado morderlo.
-No he entrenado desde que dejé Shangai- Dijo Jem. –Podría usar a un compañero, alguien con quien entrenar.
-Yo también podría- Comentó Will. –Pero necesitaría a alguien que me soportara. No una criatura enferma que parece estar feliz frente a la tumba. Aunque supongo que debes servir para tiro al blanco.
Charlotte, sabiendo lo que le había hecho a Jem Carstairs –echo que no compartía con Will- sintió una horrible culpabilidad. “Feliz frente a la tumba” Oh, dios mío. ¿Qué habría dicho su padre? Que Jem dependía de una droga para vivir, algo parecido a una medicina que alargaba su vida pero no lo salvaba de la muerte. Oh, Will.
Ella se interpuso entre los dos chicos, como si pudiera proteger a Jem de la maldad de Will, más preciso en este momento como nunca antes lo hubiera sido.
Sin embargo Jem permaneció con la expresión intacta.
-Si con “Feliz frente a la tumba” te refieres a morir, entonces si- Dijo. –Me quedan aproximadamente dos años más de vida, tres si tengo suerte. Eso me contaron.
Incluso Will no pudo ocultar su sorpresa. Sus mejillas se sonrojaron.
-Yo…
Pero Jem había dado unos pasos hacia el blanco pintado en la pared. Cuando lo alcanzó tiró de la daga. Luego se volvió y caminó directo hacia Will, con delicadeza.
Tenían la misma altura.
-Puedes practicar tiro al blanco conmigo, si quieres- Dijo Jem con total naturalidad, como si estuvieran teniendo una charla sobre el clima. –Creo que debo estar un poco aterrado, ya que no eres un buen tirador- Giró sobre sus talones, apuntó y dejó que la daga volara. Esta se incrustó perfectamente en el centro del blanco, temblando ligeramente. –O- Murmuró Jem, volteándose para ver a Will. –Puedes dejarme enseñarte. Me considero un muy buen tirador.
Charlotte estaba impresionada. Por medio año había visto como Will alejaba a todo aquel que quisiera acercársele –tutores, su padre, su prometido Henry y hasta los dos hermanos Lightwood, con una combinación de odio y mutua crueldad-
Si no fuera porque ella fue la única persona que lo vio llorar hubiera imaginado que él jamás sería bueno con nadie. Y entonces ahí estaba mirando a Jem Carstairs, un chico tan frágil que parecía estar hecho de cristal, con la dureza de su expresión suavemente disolviéndose en una tentativa incertidumbre:
-Realmente no vas a morir- Dijo, con el más inusual tono de voz. – ¿O si?
Jem asintió.
-Eso me han dicho.
-Lo siento- Susurró Will.
-No- Dijo Jem, suavemente. Dejó su chaqueta a un lado y tomó un cuchillo de su cinturón. –No seas tan ordinario. No digas que lo sientes. Di que entrenarás conmigo.
Sostuvo el cuchillo frente a Will. Charlotte contuvo la respiración, temerosa de moverse. Se sentía como si estuviera viendo algo muy importante, aunque no sabía con exactitud qué.
Will extendió la mano y tomó el cuchillo. Sus ojos nunca dejaron de mirar el rostro de Jem. Sus dedos acariciaron los del otro muchacho cuando tomó el arma.
Fue la primera vez, pensó Charlotte, que ella lo vio tocar a otra persona con entusiasmo.
-Entrenaré contigo- Dijo él.

20 feb. 2013

Mas Noticias de la Serie Delirium

Gregg Sulkin es quien interpretará a Julian Fineman.

                          

¿Que les parece? El chico es realmente lindo. Tiene algunos gestos del Julian de mi imaginación pero no me lo imaginaba completamente así... Sin enbargo, no está mal. No me fascina, pero me gusta. Y el padre de Julian: Thomas Fineman será interpretado por Bill Campbell.
 


Ciertamente con este personaje nunca imagine concretamente una cara, así que por mi está bien este actor.

14 feb. 2013

Opal by Jennifer L. Armentrout (Español)

¡Al fin! Después de una larga espera, el Foro Libros del Cielo Personal acaba de terminar el PDF de el Tercer libro de la Saga Lux by Jennifer L. Armentrout. Opal.



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No hay nadie como Daemon Black

Cuando se dispuso a demostrar sus sentimientos por mí, no estaba bromeando. Dudar de él no es algo que voy a hacerlo de nuevo, y ahora que lo hemos hecho a través de los momentos difíciles, bueno ... Hay un montón de combustión espontánea pasando.

Pero ni siquiera él puede proteger a su familia del peligro de tratar de liberar a sus seres queridos.

Después de todo, yo ya no soy más la misma Katy. Soy diferente... y no estoy segura de qué va a significara en el final. Cuando cada paso que damos en el descubrimiento de la verdad nos pone en el camino de la organización secreta responsable de torturar y probar a los híbridos, más me doy cuenta que no hay fin a lo que soy capaz. La muerte de un ser querido aún persiste, la ayuda proviene de la fuente más improbable, y los amigos se convertirán en el más mortífero de los enemigos, pero no vamos a volver atrás. Incluso si el resultado hará añicos nuestro mundo para siempre.

Juntos somos más fuertes ... y ellos lo saben.

Pueden obtener el Link Aquí. (Para obtener el libro tendran que darle en "Te lo Presto")

Nuevo Trailer de La Huesped

La película se estrenará el 29 de Marzo del 2013



No se ustedes, pero a mi realmente me ha ¡Encantado!


Adelanto de Requiem by Lauren Oliver

Hace algunos días Lauren dio a conocer dos adelantos de Requiem, ultimo libro de la trilogía Delirium; Uno visto desde el punto de vista de Lena y el otro de Hanna.
Recuerden que el libro sale a la venta en Marzo del 2013.

http://4.bp.blogspot.com/-NHsfKdsksns/T_MzYdTFBeI/AAAAAAAAAog/hP6Qsrnwbc8/s1600/requiem.jpg 

                                          

Lena
He comenzado a soñar con Portland de nuevo. Desde que Alex reapareció, resucitado pero también cambiado, torcido, como un monstruo de esas historias de fantasmas que solíamos contarnos de niños, el pasado ha estado encontrando su camino para entrar. Burbujea en las grietas cuando no estoy prestando atención,  y tira de mí con ávidos dedos.
De esto es lo que me advirtieron todos estos años: el peso denso en mi pecho, los fragmentos de pesadillas que me siguen incluso cuando estoy despierta.
Te advertí, dice la tía Carol en mi cabeza. Te dijimos, dice Rachel. Deberías haberte quedado. Esa es Hana, alcanzándome a través de una extensión de  tiempo, a través de capas de memoria de turbio grosor, estirando una mano sin peso hacia mi  mientras me hundo.

Cerca de una docena de nosotros llegamos del norte de la ciudad de Nueva York: Raven, 
Tack, Julian, y yo, y también Dani, Gordo, Pike, además de alrededor de una quincena de otros  que en gran parten están contentos con mantenerse callados y seguir instrucciones. Y Alex. Pero no mi Alex: un extraño que nunca sonríe, no se ríe, y casi ni habla. Los otros, esos que estaban usando el depósito fuera de White Plains como hogar, se  dispersaron al sur o al este. Por ahora, el hogar sin dudas ha sido despojado y abandonado. No  es seguro, no después del rescate de Julian. Julian Fineman es un símbolo, uno importante. Los  zombis lo perseguirán. Querrán encadenar al símbolo, y hacer que signifique sangre, así los  otros aprenderán la lección. Tenemos que ser extra cuidadosos.

 
Hunter, Bram, Lu, y algunos otros miembros del viejo hogar de Rochester están esperando por nosotros al sur de Poughkeepsie. Nos toma casi tres días cubrir la distancia; estamos obligados a circunnavegar media docena de ciudades Válidas. 

Entonces, abruptamente, llegamos: los árboles simplemente se acaban en el borde de 
una enorme extensión de hormigón, cruzada por fisuras espesas, y todavía muy débilmente  marcada con líneas blancas fantasmales de plazas de aparcamiento. Autos, oxidados, mondos  de diversas partes de caucho de los neumáticos, trozos de metal todavía posados en el aparcamiento. Se ven pequeñas y ridículas débilmente, como si fueran juguetes antiguos dejados  fuera por un niño.

 
El aparcamiento fluye como agua gris en todas direcciones, corriendo finalmente contra  una vasta estructura de acero y cristal: un viejo centro comercial. Una señal en bucle de escritura cursiva, rayado blanco con mierda de pájaro, lee centro comercial Empire State.

La reunión es jubilosa. Tack, Raven, y yo rompemos en una carrera. Bram y Hunter también están corriendo, y nos interceptamos a mitad del estacionamiento. Salto sobre Hunter,  riendo, y él tira sus brazos alrededor de mí y me levanta de mis pies. Todos gritan y hablan a  la vez. Hunter me baja, finalmente, pero mantengo un brazo cerrado a su alrededor, como si  fuera a desaparecer. Me estiro y rodeo con el otro brazo a Bram, que está dándole un apretón  de manos a Tack, y de alguna forma terminamos todos amontonados juntos, saltando y chillando, nuestro cuerpos entrelazados, en la mitad de un brillante sol.

 
—Bien, bien, bien. —Nos separamos, volteamos, y vemos a Lu paseándose hacia nosotros. Sus cejas están alzadas. Ha dejado su pelo crecer, y lo peinó hacia delante, así que se junta sobre sus hombros—. Miren lo que arrastró el gato.
Es la primera vez que me he sentido verdaderamente feliz en días. Los cortos meses que hemos pasado separados han cambiado a ambos, Hunter y Bram.  Bram está, en contra de todas las posibilidades, más pesado. Hunter tiene nuevas arrugas en  los bordes de sus ojos, aunque su sonrisa es tan juvenil como siempre.

 
—¿Cómo está Sarah? —Es todo lo que digo—. ¿Está aquí?

 

—Sarah se quedó en Maryland —dice Hunter—. El hogar es más fuerte, y no tendrá que  migrar. La resistencia está intentando avisarle a su hermana.
 

—¿Qué hay de Grandpa y los otros? —Estoy sin aliento, y hay una sensación apretada en  mi pecho, como si me siguieran apretando. Bram y Hunter intercambian una pequeña mirada.
 

—Grandpa no lo logró —dice Hunter cortamente—. Lo enterramos a las afueras de Baltimore. Raven mira hacia otro lado, escupe en el pavimento. Bram añade rápidamente:  

—Los otros están bien —se estira y posiciona sus dedos sobre mi cicatriz de procedimiento, la que él me ayudó a falsificar para iniciarme en la resistencia—. Luces bien —dice y  me guiña.
 

Decidimos acampar por la noche. Hay agua limpia a una corta distancia del centro comercial viejo, y unos restos de casas y oficinas de negocios que han cedido algunos suministros útiles: unas cuantas latas de comida todavía enterradas bajo los escombros; herramientas oxidadas; incluso un rifle, que Hunter encontró acunado en un par de pezuñas de venado dadas vuelta, debajo de un montículo de yeso derrumbado. Y un miembro de nuestro grupo,  Henley, una baja y callada mujer con una larga, enroscada y gris cabellera, tiene fiebre. Esto le  dará tiempo de descansar. Para el término del día, una discusión estalla sobre a dónde ir después.
 

—Podríamos separarnos —dice Raven. Está acuclillada en el agujero que ha limpiado  para el fuego, avivando las primeras astillas resplandecientes de fuego con la punta carbonizada de una rama.
 

—Entre más grande sea nuestro grupo, estaremos más a salvo —discutía Tack. Se había  quitado su chaqueta de lana y sólo estaba usando una camiseta, por lo que los fibrosos músculos de sus brazos eran visibles. El día había estado entibiándose lentamente, y los árboles cobrando vida. Podemos sentir la primavera venir, como una animal revolviéndose suavemente  en sus sueños, exhalando aire caliente. Pero ahora está helado, cuando el sol está bajo y la Tierra Salvaje es tragada por grandes  sombras moradas, cuando ya no nos movemos.
 

—Lena —ladra Raven. He estado contemplando el inicio del fuego, viendo las flamas enroscarse alrededor de la masa de agujas de pino, ramitas, y hojas quebradizas—. Ve a chequear las tiendas, ¿vale? Oscurecerá pronto.
 

Raven ha armado la fogata en un barranco poco profundo que debe haber sido un arroyo alguna vez, donde estará de alguna forma protegida del viento. Ha evitado instalar el campamento muy cerca del centro comercial y sus espacios frecuentados, que se cierran encima  de la línea de los árboles, todo metal negro torcido y ojos vacíos, como una nave alienígena  que se ha varado.
 

Por el terraplén a unas doce yardas, Julian está ayudando a armar las carpas. Está dándome la espalda. Él, también, está usando sólo una camiseta. Únicamente tres días en la Tierra Salvaje ya lo han cambiado. Su cabello está enmarañado, y una hoja está atrapada justo detrás de su oreja izquierda. Luce más delgado, aunque no ha tenido tiempo de perder peso. Esto es solamente el efecto de estar aquí, con las rescatadas ropas demasiado grandes, rodeado de salvaje desierto, un recordatorio perpetuo de la fragilidad de nuestra supervivencia.
 

Está asegurando una cuerda a un árbol, tirando de ella para tensarla. Nuestras carpas  son viejas y se han roto y parchado repetidas veces. No se sostienen por su cuenta. Deben ser apoyadas y amarradas entre los árboles y engatusadas a la vida, como velas al viento. Gordo está revoloteando al lado de Julian, mirando aprobatoriamente. 
 

—¿Necesitas ayuda? —Me detengo un par de pies más lejos. Julian y Gordo se dan vuelta.—¡Lena! —El rostro de Julian se ilumina, luego inmediatamente cae de nuevo cuando  se da cuenta que no tengo intenciones de acercarme. Yo lo traje aquí, conmigo, a este lugar  nuevo y extraño, y ahora no tengo nada para ofrecerle.
 

—Estamos bien —dice Gordo. Su pelo es rojo brillante, e incluso cuando él no es mayor  que Tack, tiene una barba que crece hasta la mitad de su pecho—. Ya estamos finalizando. Julian se endereza y se seca las palmas en la parte trasera del pantalón. Vacila, luego  cruza el terraplén hacia mí, metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja.
 

—Está helado —dice cuando está a unos metros—. Deberías ir cerca de la fogata.
 

—Estoy bien —digo, pero pongo mis manos en los brazos de mi cazadora. El frío está en  mi interior. Sentarse al lado de la fogata no ayudará—. Las tiendas lucen bien.
 

—Gracias. Creo que le estoy pillando el truco. —Su sonrisa no llega a sus ojos completamente. Tres días: tres días de tensas conversaciones y silencio. Sé que se pregunta qué ha cambiado, y si se puede cambiar de vuelta. Sé que lo estoy lastimando. Hay preguntas que se está  forzando ano preguntar, cosas que está luchando por no decir. Me está dando tiempo. Es paciente, gentil.
 

—Te ves bonita con esta luz —dice.
 

—Debes estar volviéndote ciego. —Tenía la intención de que sonara como broma, pero  mi voz es suena demasiado severa en el aire.
 

Julian sacude la cabeza, frunciendo el ceño, y aparta la mirada. La hoja, de un amarillo  vívido, todavía está enredada en su pelo, detrás de so oreja. En ese momento, estoy desesperada por estirarme, removerla, y pasar mis dedos por su pelo y reírme con él sobre ello. Esto  es la tierra salvaje, diría yo. ¿Te lo imaginabas? Y él encajaría sus dedos entre los míos y apretaría. Él diría, ¿Qué haría yo sin to? Pero no me atrevo a moverme.
 

—Tienes una hoja en tu pelo.
 

—¿Una qué? —Julian luce sobresaltado, como si lo hubiera llamado desde un sueño.
 

—Una hoja. En tu pelo. Julian se pasa la mano impacientemente a través del pelo.
 

—Lena, yo…  

Pum.El sonido de un disparo de rifle nos hace saltar a los dos. Los pájaros parten de los árboles detrás de Julian, temporalmente oscureciendo el cielo todas a la vez, antes de desaparecer  en formas individuales. Alguien dice “maldición.” Dani y Alex emergen desde los árboles detrás de las carpas. Ambos llevan rifles colgados  en sus hombros. Gordo se endereza.
 

—¿Ciervo? —Pregunta. La luz está se ha ido casi por completo. El cabello de Alex luce casi negro.
 

—Demasiado grande para ser un ciervo —dice Dani. Ella es una mujer grande, de hombros anchos y una frente plana y amplia y ojos almendrados. Me recuerda a Miyako, que murió  antes que fuéramos al sur el invierno pasado. La quemamos en un día frío, justo antes de la  primera nevada.
 

—¿Oso? —Pregunta Gordo.
 

—Puede haber sido —responde Dani cortamente. Dani es más afilada de lo que era Miyako: deja que la Tierra Salvaje la talle, la esculpa en acero.
 

—¿Le diste? —Pregunto, demasiado ansiosa, aunque ya sé la respuesta. Pero estoy sugestionando a Alex para que me mire, para que me hable.
 

—Puede que solo le haya cortado —dice Dani—. Es difícil de decir. Pero no fue suficiente para detenerlo, de todas formas. Alex no dice nada, no registra mi presencia, siquiera. Sigue caminando, abriéndose paso  por las tiendas de campaña, delante de Julian y yo, lo suficientemente cerca que imagino que  puedo olerlo —el viejo aroma a pasto y madera secada al sol, un olor a Portland que hace que  me den ganas de gritar, y enterrar mi cara en su pecho, e inhalar.  A continuación se está encaminando por el terraplén mientras la voz de Raven flota hacia nosotros: —La cena esta lista. Coman o pierdan.
 

—Vamos. —Julian roza mi codo con la yema de los dedos. Gentil, paciente. Mis pies me vuelven, y me mueven por el terraplén, hacia la fogata, que ahora arde caliente y fuerte; hacia el chico que se convierte en sombras parado a su lado, borrado por el  humo. Eso es lo que Alex es ahora: una sombra de chico, una ilusión. Por tres días no me ha hablado o mirado para nada. 


 

Segunda parte (Hana)

Hana



¿Quieres saber mi oscuro y profundo secreto? En la escuela de domingo, solía hacer trampa en los exámenes.


Nunca me podía concentrar en el Manual de FSS, ni si quiera de niña. La única sección del libro que me interesaba era la de “Legendas e Injusticias,” que está lleno de cuentos populares acerca del mundo antes de la cura. Mi favorita, la historia de Salomón, dice así:

Había una vez, durante los días de la enfermedad, dos mujeres y un infante fueron ante el rey. Cada mujer proclamaba que el infante era suyo. Ambas se rehusaban a darle el niño a la  otra mujer y declaraban apasionadamente sus casos, cada una reclamando que moriría de dolor  si él bebe no era de vuelto únicamente a su posesión.

El rey, cuyo nombre era Salomón, escuchó a ambos discursos, y finalmente anunció que tenía una solución justa.


—Cortaremos al bebé en dos —dijo él—, y de esa forma cada una de ustedes tendrá una porción.


Las mujeres aceptaron que esto era justo, y entonces el verdugo fue traído adelante, y con su hacha, rebanó al bebé limpiamente en dos.

Y el bebé nunca lloró, ni siquiera hizo un sonido, y las madres miraban, y después, durante mil años, hubo una mancha de sangre en el suelo del palacio que nunca pudo ser limpiada ni  diluida por ninguna sustancia en la tierra…

Debo haber tenido sólo ocho o nueve cuando leí ese pasaje por primera vez, pero realmente me golpeó. Por días no pude quitarme la imagen de ese pobre bebé de la cabeza. Seguía  imaginándolo dividido en el piso de baldosas, como una mariposa clavada detrás de un vidrio.


Eso es lo grandioso de la historia. Es real. A lo que me refiero es, incluso si no pasó de verdad —y hay debates sobre la sección de Legendas e Injusticias, y si es históricamente exacto— muestra el mundo verazmente. Recuerdo sentirme igual que ese bebé: partida por sentimientos, dividida en dos, atrapada entre lealtad y deseo.

Así es el mundo enfermo.

Así era para mí, antes de ser curada.

En exactamente veintiún días, estaré casada. Mi madre luce como si fuera a llorar, y casi espero que lo haga. La he visto llorar dos veces en mi vida: una vez cuando se rompió el tobillo y otra el año pasado, cuando salió y encontró que los protestantes habían escalado el cerco, y desgarrado césped, y arrancado su hermoso auto en pedazos.

Al final solo dijo:


—Te ves encantadora, Hana. —Y luego—: Eso un poquito grande en la cintura, sin embargo.

La señora Killegan —“llámame Anne,” me sonrió bobamente, la primera vez que vinimos por una prueba— circula calladamente, fijando y ajustando. Es alta, con descolorido cabello rubio y un aspecto apretado, como si durante años hubiera ingerido varios alfileres y agujas de coser.

— ¿Segura que quieres ir con mangas casquillo?

—Estoy segura —dijo, justo cuando mi madre dice—: ¿Crees que lucen muy juveniles?

La señora Killegan, Anne, hace gestos expresivos con una larga y huesuda mano.

—Toda la ciudad estará mirando —dice.

—Todo el país —la corrige mi madre.

—Me gustan las mangas —digo, y casi agrego, es mi boda. Pero eso ya no es enteramente cierto, no desde los Incidentes en Enero, y la muerte del alcalde Hargrove. Mi boda le pertenece a la gente ahora. Eso es lo que todo el mundo lleva diciéndome por semanas. Ayer recibimos una llamada del Servicio Nacional de Noticias, preguntándonos si podían distribuir la  grabación, o enviar so propio equipo de televisión a filmar la boda.

Ahora, más que nunca, el país necesita su símbolo.

Estamos paradas en frente de un espejo de tres caras. El ceño de mi madre está reflejado desde tres ángulos distintos.


—La señora Killegan tiene razón —dice, tocándome el codo—. Veamos como luce a tres cuartos, ¿de acuerdo?

Sé que es mejor no discutir. Tres reflejos asienten simultáneamente; tres chicas idénticas con idénticos cabos de rubio trenzado en tres idénticos vestidos blanco desnatado que llega al piso. Ya casi ni me reconozco. He sido transfigurada por el vestido, por las brillantes  luces en el probador. Toda mi vida he sido Hana Tate.


Pero la chica en el espejo no es Hana Tate. Es Hana Hargrove, a punto de ser esposa del que pronto será alcalde, y un símbolo de todo lo que es correcto sobre el mundo curado.

Un camino y una ruta para todos. —Déjame ver qué tengo en la parte de atrás —dice la señora Killegan—. Te declinaremos por un estilo diferente, sólo para que tengas una comparación. —Se desliza a través de la  usada alfombra gris y desaparece en el depósito. Por la puerta abierta, veo docenas de vestidos enfundados en plástico, colgando lánguidamente en bastidores de prendas de vestir.

Mi madre suspira. Ya hemos estado aquí por dos horas, y estoy empezando a sentir como un espantapájaros: rellena y hurgada y cosida. Mi madre se sienta en un descolorido taburete al lado de los espejos, sosteniendo su cartera remilgadamente en su regazo para que no toque la alfombra.


La tienda de bodas de la señora Killegan siempre ha sido la mejor de Portland, pero, también, ha sentido claramente los persistentes efectos de los Incidentes, y las enérgicas medidas de seguridad implementadas por el gobierno en consecuencia. El dinero es apretado  para casi todos, y se nota. Una de las ampolletas está quemada, y la tienda tiene un olor rancio, como si no hubiera sido limpiado recientemente. En una pared, un motivo de moho ha empezado a burbujear en el papel pintado, y más temprano noté una gran mancha marrón en uno de los estropeados sofás. La señora Killegan me atrapa mirando y casualmente echó un chal para ocultarlo.


—Realmente luces encantadora, Hana —dice mi madre.

—Gracias —digo. Sé que luzco encantadora. Puede sonar egoísta, pero es la verdad.

Esto, también, ha cambiado desde la cura. Cuando no estaba curada, incluso si la gente me decía siempre que era bonita, nunca me sentía así. Pero después de la cura, una pared apareció dentro de mí. Ahora veo que sí, soy bastante simple e indiscutiblemente hermosa.

También ya no me importa.


—Aquí estamos. —La señora Killegan reemerge desde el fondo, sosteniendo varios vestidos envueltos en plástico sobre su brazo—. No te preocupes, querida —dice—. Encontraremos el vestido perfecto. De eso se trata todo, ¿no?

Arreglo mi rostro en una sonrisa, y la chica bonita en el espejo arregla su rostro conmigo.

—Por supuesto —digo.


Vestido perfecto. Pareja perfecta. Una perfecta vida de felicidad.

La perfección es una promesa, y la seguridad de que no estamos equivocados.

La tienda de la señora Killegan está en el Puerto Viejo, y mientras emergemos hacia la calle inhalo el aroma familiar a algas secas y madera vieja. El día es brillante, pero el viento es frío fuera de la bahía. Sólo un par de botes están balanceándose en el agua, mayoritariamente buques pesqueros o plataformas comerciales. Desde la distancia, los amarres de madera salpicados lucen como cañas creciendo en el agua.


Las calles están vacías excepto por dos reguladores y Tony, nuestro guarda espaldas. 

Mis padres decidieron contratar servicio de seguridad justo después de los Incidentes, cuando el padre de Fred Hargrove, el alcalde, fue asesinado, y se decidió que yo dejaría la universidad y me casaría lo antes posible.


Ahora Tony viene a todos lados con nosotros. En sus días libres, envía a su hermano, 

Rick, como sustituto. Ambos tienen cuellos gruesos y cortos y brillantes cabezas calvas. Ninguno de los dos habla mucho, y cuando lo hacen, nunca tienen nada interesante que decir. 


Ese era uno de mis mayores miedos sobre la cura: que el procedimiento me cambiara de alguna manera, e inhibiera mi habilidad para pensar. Pero es lo contrario. Pienso más claro ahora. De ciertas maneras, incluso siento las cosas más claramente. Solía sentirme con una clase de febrilidad; estaba llena de pánico y ansiedad y deseos compitiendo. Había noches en que apenas dormía, días en que sentía que mi interior intentaba arrastrarse fuera de mi garganta.

Estaba infectada. Ahora la infección se ha ido.

Tony está inclinado contra el auto. Me pregunto si ha estado en esta posición por las tres horas que estuvimos donde la señora Killegan. Se endereza mientras nos acercamos, y abre la puerta para mi madre.


—Gracias, Tony —dice—. ¿Hubo algún problema?

—No, señora.

—Bien. —Se mete en el asiento de atrás, y me deslizo después de ella. Hemos tenido este auto por sólo dos meses, es un remplazo por el que fue destrozado, y un par de días después de que llegó, mi mamá salió de la tienda para encontrar que alguien había escrito la palabra CERDO con una llave en la pintura. Secretamente, creo que la verdadera motivación de mi madre para contratar a Tony fue para proteger el auto nuevo.

Después de que Tony cierra la puerta, el mundo exterior a las ventanas tintadas se tiñe de azul oscuro. Enciende la radio y pone el SNN, el Servicio Nacional de Noticias. Las voces de los comentaristas son familiares y tranquilizadoras.


Reclino mi cabeza y observe como el mundo empieza a moverse de nuevo. He vivido en Portland toda mi vida y tengo memorias de casi todas las calles y esquinas. Pero estas, también, parecen distantes ahora, sumergidas con seguridad en el pasado. Hace una vida solía  sentarme en una de esas bancas para picnic con Lena, atrayendo gaviotas con migas de pan. 


Hablábamos sobre volar. Hablábamos sobre escapar. Era cosa de niños, como creer en unicornios y magia. Nunca pensé que realmente lo haría.

Mi estómago duele. Me doy cuenta que no he comido desde el desayuno. Debo tener hambre.


—Semana ocupada —dice mi madre.

—Sí.

—Y no te olvides, The Post quiere entrevistarte esta tarde.

—No me he olvidado.

—Ahora sólo tenemos que encontrarte un vestido para la inauguración de Fred, y todo estará listo. ¿O decidiste ir con el amarillo que vimos en Lava la semana pasada?

—Aún no estoy segura —digo.

— ¿A qué te refieres con que no estás segura? La inauguración es en cinco días Hana. 

Todos te estarán mirando.

—El amarillo, entonces.

—Por supuesto, no tengo idea de lo que usaré yo.


Pasamos el West End, nuestro viejo vecindario. Históricamente, el West End ha sido hogar para muchos de los adinerados en la iglesia y el campo médico: sacerdotes de la Iglesia de 

Nueva Orden, funcionarios del gobierno, doctores e investigadores en los laboratorios. Por eso  no hay duda por qué fue atacada tan fuertemente durante los motines seguidos de los Incidentes.

Los motines fueron sofocados rápidamente; todavía hay mucho debate sobre si los motines representaron un movimiento real o si fueron un resultado de furia mal dirigida y las  pasiones que estamos intentando tanto erradicar. Aun así, muchas personas sintieron que el  West End estaba muy cerca del centro de la ciudad, muy cerca de los vecindarios más problemáticos, donde los simpatizantes y resistentes se ocultan. Muchas familias, como la nuestra, nos alejamos ahora de la península.


—No te olvides, Hana, debemos habar con el catering en lunes.


—Ya sé, ya sé.


Tomamos Danforth hacia Vaughan, nuestra vieja calle. Me inclino hacia adelante levemente, intentando echar un vistazo a nuestra vieja casa, pero el árbol de hoja perenne de los Anderson la oculta casi completamente de mi vista, y lo único que consigo es un flash del techo verde a dos aguas.

Nuestra casa, como la de los Anderson continua a esta y la de los Richard al frente, está vacía y probablemente permanecerá así. Aún, no vemos ni un letrero de en venta. Nadie puede permitirse comprar. Fred dice que el congelamiento económico se mantendrá por al menos un par de años, hasta que las cosas comiencen a estabilizarse. Por ahora, el gobierno necesita reafirmar su control. La gente necesita ser recordada de su lugar.

Me pregunto si los ratones ya están encontrando su camino a mi vieja habitación, dejando excrementos en el pulido piso de madera, y si las arañas han empezado sus redes en las esquinas. Pronto la casa lucirá como Brooks 37, estéril, casi con apariencia masticada, colapsando lentamente de podredumbre de termitas. 

Otro cambio: puedo pensar en Brooks 37 ahora, y en Lena, y en Alex, sin la sensación estrangulada.


—Y apuesto que nunca revisaste la lista de invitados que dejé en tu cuarto.

—No he tenido tiempo —digo ausentemente, manteniendo mis ojos sobre el paisaje patinando por nuestra ventana.


Maniobramos por Congreso, y el vecindario cambia rápidamente. Pronto pasamos una 

de las dos gasolineras de Portland, alrededor de la cual un grupo de reguladores hace guardia, las pistolas apuntando hacia el cielo; luego tiendas de dólares y una lavandería con un descolorido toldo naranja; un delicatesen con pinta sucia.

De repente mi madre se inclina adelante, poniendo una mano en la parte trasera del asiento de Tony. 


—Enciende esto —dice afiladamente.

Él ajusta el dial del salpicadero. La voz de la radio se hace más fuerte.

—Tras la reciente epidemia en Waterbury, Connecticut…

—Dios —dice mi madre—. No otra más.

—… todos los ciudadanos, particularmente aquellos en los cuadrantes más al sur, han sido fuertemente alentados a evacuar a casas temporales en el vecindario Bethlehem. Bill Audry, jefe de las Fuerzas Especiales, ofreció tranquilidad a los ciudadanos preocupados. “La situación está bajo control,” dijo durante su discurso de siete minutos. “El personal militar municipal y estatal están trabajando juntos para contener la enfermedad y para asegurar que la zona será acordonada, limpiada, y desinfectada lo más pronto posible. No hay absolutamente ninguna razón para temer contaminaciones posteriores…


—Es suficiente —dice mi madre abruptamente, volviendo a sentarse—. No puedo escuchar más.


Tony empieza a jugar con la radio. La mayoría de las estaciones son solo estática. El mespasado, la gran historia fue el descubrimiento del gobierno de longitudes de ondas que habían sido cooptadas por los Inválidos para su uso. Fuimos capaces de interceptar y decodificar varios mensajes críticos, lo que llevó a una redada triunfal en chicago, y al arresto de media do-cena Inválidos clave. Uno de ellos era el responsable de la planificación de la explosión en Washington D.C. el otoño pasado, una explosión que mató a veintisiete personas, incluyendo a una madre y su hijo.


Estaba agradecida cuando los Inválidos fueron ejecutados. Algunas personas se quejaron que la inyección letal era demasiado humana para terroristas convictos, pero yo pensé que enviaba un mensaje poderoso: nosotros no somos los malos. Somos razonables y compasivos. Representamos la justicia, estructura y organización.

Es el otro lado, los no curados, los que traen el caos.


—Es tan repugnante —dice mi madre—. Si empezáramos a bombardear con el primer problema… ¡Tony, ten cuidado!


Tony frena en seco. Los neumáticos chirrían. Ruedo hacia adelante, evitando por poco rajarme la frente en el apoyo para cabezas delante de mí antes de que mi cinturón de seguridad me tire hacia atrás. Hay un fuerte golpe. El aire huele a goma quemada.


—Mierda —está diciendo mi madre—. Mierda. En el nombre de Dios, ¿qué…?

—Lo siento, señora, no la vi. Salió de entre los contenedores de basura...

Una chica joven está parada enfrente del auto, sus manos descansando planas sobre el capó. Su pelo tiene forma de tienda de campaña alrededor de su delgada, estrecha cara, y sus ojos están grandes y aterrorizados. Luce vagamente familiar

Tony baja su ventana. El olor a contenedores de basura, hay varios, alineados uno a cada lado del otro, flota dentro del auto, dulce y podrido. Mi madre tose, y ahueca una palma sobre su nariz.


— ¿Estás bien? —Grita Tony, estirando su cabeza fuera del vidrio.

La chica no responde. Está jadeando, prácticamente hiperventilada. Sus ojos patinan por 

Tony a mi madre en el asiento trasero, y luego a mí. Un sobresalto corre a través de mí.

Jenny. La prima de Lena. No la he visto desde el verano pasado, y está mucho más delgada. Luce mayor, también. Pero es ella sin lugar a dudas. Reconozco la llamarada de su nariz, su orgullosa y mordaz barbilla, y sus ojos.


Ella me reconoce, también. Puedo notarlo. Antes de que pueda decir nada, quita sus manos de encima del capó del auto y se precipita por la calle. Está usando una vieja mochila manchada de tinta que reconozco como una heredada de Lena. A través de uno de sus bolsillos dos nombres están coloreados en burbujeantes letras negras: el de Lena, y el mío. Lo escribimos sobre su mochila en séptimo grado, cuando estábamos aburridas en clase. Ese fue el día en que por primera vez se nos ocurrió nuestra pequeña palabra en código, nuestro grito de ánimo, que luego nos decíamos en voz alta en juntas nacionales de Cross. Halena. Una combinación de ambos nombres. —Por el amor de Dios. Uno pensaría que esa chica es lo suficientemente grande para saber que no hay que lanzarse enfrente del tráfico. Casi me da un ataque cardíaco. 


—La conozco —digo automáticamente. No puedo quitar la imagen de los grandes y oscuro ojos de Jenny, su pálido rostro esquelético.


— ¿A qué te refieres con que la conoces? —Mi madre se vuelve hacia mí.

Cierro mis ojos e intento pensar en cosas pacíficas. La bahía. Gaviotas revoloteando en el cielo. Ríos de impecable tela blanca. Pero en vez veo los ojos de Jenny, los filosos ángulos de sus mejillas y su mentón.


—Su nombre es Jenny —digo—. Es la prima de Lena…

—Cuida tu boca —me corta mamá bruscamente. Me doy cuenta, demasiado tarde, que no debería haber dicho nada. El nombre de Lena es peor que una maldición en nuestra familia.

Por años, mamá estaba orgullosa de mi amistad con Lena. Lo veía como un testamento de su liberalismo. No juzgamos a la chica por su familia, le diría a los invitados que lo trajeran a colación. La enfermedad no es genética; eso es una idea vieja.

Ella se lo tomó casi como un insulto personal cuando Lena contrajo la enfermedad y se las arregló para escapar antes de poder ser tratada, como si Lena lo hiciera deliberadamente para hacerla lucir estúpida.

Todos estos años que la dejamos entrar en nuestra casa, diría de la nada, en los días siguientes al escape de Lena.


—Se veía delgada —digo.

—A casa, Tony. —Mi mamá inclina su cabeza contra el reposa cabezas y cierra sus ojos, y sé que la conversación ha terminado.